Magret de pato con salsa de chalotas y oporto

¡Qué ganas tenía de preparar un buen magret de pato! He buscado muchas recetas y tenía esta guardada desde hace bastante tiempo, sin encontrar el momento para hacerla. Ayer llegué pronto a Madrid y me pareció el día perfecto… la terraza no puede estar más apetecible, han florecido todas las plantas… y cenar mientras se pone el sol con un vinito blanco y este pedazo de plato es algo que no puedo hacer muy a menudo.

Los que me seguís ya sabéis que intento hacer cosas fáciles y ricas, así que cuando vi esta receta pensé que era la receta de magret perfecta. La salsa está buenísima, tiene un toque de sabor dulce que le va muchísimo al magret, y es muy muy fácil de ejecutar. Un acierto seguro.

Ingredientes para dos personas

  • Un magret de pato (el mío de Supercor, pesaba 420 gramos).
  • Medio vaso de Oporto o un poquito más.
  • Una cucharadita no rebosante de vinagre balsámico.
  • Una cucharada de mermelada de frambuesa
  • 4 chalotas (cebollas pequeñas francesas)
  • Sal gorda.
  • Para el acompañamiento: mezclum de ensaladas y vinagreta de mostaza

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Preparación

Empezamos cortando el magret por la parte de la grasa longitudinalmente, para hacer una especie de rombos, sin llegar a cortar la carne.

Ponemos el magret en una sartén sin aceite a fuego fuerte por la parte de la grasa, hasta que se dore bien. Damos la vuelta y hacemos por el otro lado 3 minutos (a mí me gusta bastante cruda la carne, así que la puse a 3 minutos a fuego fuerte por el lado no graso).

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Sacamos la carne y reservamos. Mientras se hace la carne cortamos las chalotas muy pequeñitas (las mías quedaron algo grandes para mi gusto). Pochamos con la grasa del magret en la misma sartén a fuego medio. Cuando estén pochas las chalotas añadimos el vino, el vinagre y dejamos reducir 5 minutos. A continuación añadimos la mermelada, y lo dejamos un par de minutos más.

Cortamos el magret en lonchas muy finas, servimos con un poco de sal gorda por encima y la salsa. Yo lo acompañé con una ensalada verde con vinagreta de mostaza, pero unas patatas también le van genial.

El punto de la carne me encantó, pero la próxima vez voy a dejar reducir menos la salsa, para que sea algo más líquida. También podríamos añadir un poco de caldo de pollo si se reduce demasiado, pero a mí me gustó tal cual.

De sabor la salsa estaba espectacular, y la carne en su punto. Con las chalotas más pequeñitas y menos tiempo de reducción -yo me pasé- es un plato 10!

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Lomos de salmón con lima y cilantro

Esta receta lo tiene todo: es sana, fácil y sabrosa. Y es que con el calor, las terrazas y la playa también llega la temida operación bikini. No os voy a mentir: yo también estoy metida en el ajo, y van 3 kilos perdidos en 4 semanas, que no está nada mal…

Así que os podéis imaginar que mis cenas últimamente son de lo más sanas… Aburrida del filete a la plancha, pero queriendo cenar proteína, no queda otra que experimentar con hierbas aromáticas y sabores distintos.

Innovando con lo que tenía en casa (limas de una tarta de lima y galleta que hice para un cumple), cilantro (que usé para mis famosos langostinos al curry) y puerro (que uso para todo), me dio por hacer unos lomos de salmón con lima. Le añadí ralladura porque le da un aroma especial.

No tenía pensado subirlo pero quedó TAN rico (he repetido ya dos veces) que pensé que sería buena idea compartirlo. Los que me seguís en Instagram ya sabéis que hago muchas recetas sobre la marcha y no las subo todas… pero esta me ha encantado y pensé que merecía un post.

Ingredientes (para dos personas si le pones acompañamiento o una si no le pones nada más).

  • Dos lomos de salmón.
  • Un puerro
  • Una lima
  • Un puñado de cilantro fresco

Preparación

  • Salpimentamos los lomos.
  • Ponemos un chorrito de aceite en la sartén (no mucho, el salmón es bastante graso).
  • Ponemos los lomos (a mí me gustan jugosos por dentro, así que los hago un par de minutos por cada lado para que queden un pelín crudos).
  • Cuando le damos la vuelta al lomo de salmón echamos el puerro cortado finito.
  • Añadimos la ralladura (finita) de media lima, y un chorreoncito de lima por encima. Ojo con la lima que tiene un sabor muy fuerte y puede matarnos el pescado. Es mejor poner poco y probar (y si queremos seguir añadiendo).
  • Una vez que esté doradito, emplatamos y añadimos el cilantro por encima.

Yo intenté emplatarlo en plan bien y esto fue lo que salió! Jaja una lo hace como puede. Eso sí, estaba muy muy rico… con un vinito blanco frío ya ni te cuento.

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De Madrid al cielo: 12 terrazas en las que perderse este verano

Llega junio con su buen tiempo y con él las ganas de pillar una mesa en una terraza apetecible. Aunque hay muchas terrazas por Madrid y alguna se ha quedado fuera, he seleccionado aquí las más me gustan (algunas más actuales que otras), para tenerlas a mano cuando me apetezca salir un poco de la rutina y tomarme una copita de blanco viendo como se pone el sol:

  • Hotel the Principal

Entre olivos, cipreses y otras plantas se sitúa esta elegante terraza, con mesas de mármol y parasoles rojos. Si a ello le añades la cocina de Ramón Freixa tienes la combinación perfecta. Perfecto sitio para una copa afterwork o una cena con vistas bien animada: de jueves a sábado hay buena música y abren hasta las 2 am.

The Principal Madrid Hotel

Marqués de Valdeiglesias, 1 -Esq. Gran Vía 2.

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  • The Hat

Uno de los hostels más molones del momento esconde en su azotea una apetecible terraza. Cócteles, bebidas, tostas y alguna ración más que aceptables. El año pasado montaban barbacoa los sábados, con hamburguesas y otras carnes a la parrilla acompañado de cerveza o copas, según cada uno. También han montado un invernadero de cristal para disfrutar la terraza igualmente si hace frío.

Dirección: Calle Imperial, 9, 28005 Madrid

Teléfono: 917 72 85 72

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  • Gaudeamus Café

Un clásico de Madrid que sigue siendo de mis preferidos. Escondido en Lavapiés, se ubica en la terraza del Edificio de Escuelas Pías de la UNED, un edificio que data de 1.729 y que funcionó como colegio y biblioteca hasta su incendio el segundo día de la Guerra Civil, el 19 de julio de 1936. Del siniestro quedaron las ruinas y el tambor de la cúpula de la iglesia. En 2001, se reconstruyó por la UNED. Yo suelo subir los cuatro pisos andando, para observar los antiguos muros y la biblioteca.

Al llegar arriba se divisan los tejados y corralas de Madrid, y la torre en semi ruina. Platos variados, correctos y a un precio más que decente. También tiene una zona de copas bastante apetecible. Suele estar lleno así que os recomiendo reservar con antelación.

Dirección: Tribulete, 14 (4ª planta. Edificio Escuelas Pías. UNED), C.P. 28012, Madrid, Madrid

Teléfono: 91 528 25 94

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  • Bosco de Lobos

Con una carta de inspiración italiana, hacen unas pizzas en horno de leña francamente buenas. Ubicado en medio del jardín del Colegio de Arquitectos, tiene unos ventanales enormes que permiten disfrutar del jardín porque se abren a la terraza en verano. Cócteles, música animada y una decoración sofisticada hacen de Bosco de Lobos un sitio redondo.

http://www.encompaniadelobos.com/bosco-de-lobos/

Dirección: COAM, Calle de Hortaleza, 63, 28004 Madrid

Teléfono:915 24 94 64

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  • Donde Mónica

La parte de dentro de este sitio es tan coqueto como su terraza, oculta en un patio interior del Barrio Salamanca. Ensaladas, bocadillos, cremas o focaccias lo hacen un sitio perfecto para ir a comer a medio día.

http://www.dondemonica.es/

Dirección: Calle de Padilla, 3, 28006 Madrid

Teléfono:915 77 76 57

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  • Hotel Nice to Meet you

Unas vistas impresionantes, una comida rica y música animada los fines de semana hacen que Nice To Meet You sea un restaurante para repetir más de una vez.

http://www.dearhotelmadrid.com/en/nice-to-meet-you

Dirección: 14, Calle Gran Vía, 80, 28013 Madrid

Teléfono:638 90 85 59

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  • Hotel Mint, calle Gran Vía 10, decorada por Jaime Beriestain

Acaba de abrir sus puertas. THE MINT Roof, se sitúa en la azotea del nuevo Hotel Vincci (Gran Vía 10). Diseñado por Jaime Beriestain, la decoración me recuerda a la playa, con colores vivos y un foodtruck en el que se pueden probar desde hamburguesas hasta comida asiática.

Dirección: Calle Gran Vía, 10, 28013 Madrid

Teléfono:912 03 06 50

http://www.vinccihoteles.com/es/Hoteles/Espana/Madrid/Vincci-The-Mint/Instalaciones-y-Servicios/Terraza

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  • Terraza Arzábal (Museo Thyssen)

Arte y gastronomía se unen en este restaurante, que abre terraza dentro del Museo Reina Sofía. Clásicos como croquetas ibéricas, huevos y carnes, pescados y verduras de temporada cocinadas a la brasa. Este verano no me lo pierdo.

Calle de Santa Isabel, 52

http://arzabal.com/contacto-y-reservas/

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  • El Paracaidista

Otra de las aperturas de este año que merece la pena conocer. La terraza no es la más bonita de todas, pero su concepto multistore merece una visita: en el edificio del número 10 de la calle La Palma puedes comprar muebles, artesanía, disfrutar de una sala de cine poco convencional, de una sala de lectura… y una terraza donde tomarte un vinito al atardecer.

Dirección: Calle de la Palma, 10, 28004 Madrid

Teléfono:603 30 91 73

http://elparacaidista.es/

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  • La Azotea, del Círculo de Bellas Artes

Tiene una de las vistas más espectaculares de Madrid y una carta variada y muy completa. Un auténtico lujo si tenemos en cuenta que cuenta además con una zona de copas con camas para tomarte la copita de después de cenar viendo Madrid iluminado. En el top 5.

Dirección: Calle de Alcalá, 42, 28014 Madrid

Teléfono:672 55 71 71

http://www.azoteadelcirculo.com/category/tartan-roof/

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  • Frida

Siempre he sentido debilidad por este sitio. Me encantan sus ventanales a la calle y su terraza, haciendo esquina en la tranquila y silenciosa plaza de San Gregorio. Soy una habitual de su brunch, que te permite elegir lo que quieras partiendo de un surtido enorme, y muero por sus smoothies, hechos con fruta natural. Cuando me quiero dar un capricho, pido una pizza de mortadela trufada, aceitunas negras, alcachofas y huevo de corral. Mmmm!

http://fridamadrid.com/

Dirección: Calle San Gregorio, 8, 28004 Madrid

Teléfono:917 04 82 86

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  • Santo mauro

Una opción de lujo. El jardín del Hotel Santo Mauro es un oasis en el que desconectar te costará muy poco. Cuenta con una carta clásica con una materia prima de primera, y se reinventa con ofertas after work, cócteles y jazz los jueves. Muy apetecible.

Dirección: Calle de Zurbano, 36, 28010 Madrid

Teléfono: 913 19 69 00

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Destino: Tarifa

La casa de mis abuelos fue como una segunda casa para mí. Mis dos padres trabajaban y me soltaban en el campo con mis abuelos cuando estaban ocupados. Para mí era el mejor momento de la semana… estaba muy unida a mi abuelo, hacíamos mil cosas juntos, y creo que a él debo en parte mi hiperactividad. Solía llevarme a ver los animales que acababan de nacer, me enseñaba a tirar, me ponía a recoger piñones o hacíamos rosquillas en la cocina. A él le debo también mi amor por la repostería. Solía dictarle las recetas a su secretaria, que me las mandaba por carta, escritas con máquina de escribir.

Los días que hacía peor tiempo los pasaba con mi abuela viendo pelis antiguas de vaqueros o romanos. Los días más especiales me daba un dátil (sí, fueron mis chuches de pequeña) o me hacía pan frito… el pan moreno local, bañado en leche, frito y pasado por azúcar (lo que en el resto del mundo son las torrijas, yo las merendaba en el campo todas las semanas).

Cuando mi abuelo murió rehabilitamos la casa, con la intención de alquilar todo el campo y así poder mantenerlo vivo. Y -aunque odio pensar que gente extraña habitará en ella- lo prefiero a verlo desaparecer. Así que aquí estoy, en un post mucho más personal del que os tengo habituados, contándoos mi historia, y dándoos a conocer esta preciosa casa, para que lo compartáis con quien os apetezca. O quien sabe, animaros vosotros mismos a venir.

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Para poner a prueba el primer alquiler de la casa invité a un grupo de amigos el pasado puente de mayo, y –qué os voy a contar- la experiencia fue redonda. Es una casa grande, de estas que respiran historia, rodeada de un gran jardín. Está situada entre Algeciras y Tarifa, en el Parque Natural de los Alcornocales. No sabría decir qué es lo que más me gusta de ella… Si tuviese que elegir serían las vistas a la Bahía de Algeciras, el silencio que se respira por la noche o su ebanistería -mi abuelo diseñó y mandó hacer cada una de las puertas y armarios de la casa-.

Si vais desde Madrid lo más fácil es coger un tren directo a Algeciras. Ese tren solo tiene dos horarios y tarda un poco así que igual preferís ir en AVE a Málaga y alquilar un coche (está a una hora y cuarto), o ir a Sevilla.

Nosotros fuimos en el tren de Algeciras hasta San Roque, donde cogimos el coche y pusimos rumbo a Casa Mané, un sitio de pescado mítico al lado de la bahía, en Palmones. Tienen un marisco y pescado buenísimo, aunque esa noche falló el atún.

 

 

Tras la cena subimos al campo temprano, sobre las 23h, y ahí nos estaba esperando, preciosamente iluminada. La verdad es que mi madre y mi tía se lo trabajan muchísimo. Todas las habitaciones, el jardín y el campo estaban perfectamente iluminadas. Había flores frescas y velas en todas las habitaciones y nos habían dejado la chimenea encendida… Nos pusimos unas copas en el salón de invierno, al lado de la chimenea y nos dieron las tantas… No puedo pensar en un mejor plan.

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Vistas desde casa por la noche

 

A la mañana siguiente, cuando nos despertamos, hacía un día de poniente espectacular, que nos dejaba ver Gibraltar al fondo, junto con el estrecho y los barcos. El desayuno estaba comprado, así que pusimos la mesa y preparamos un buen surtido para coger energía. Con estas vistas todo sienta mejor, para qué nos vamos a engañar.

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La otra mitad del grupo llegaba el sábado antes de comer, así que decidimos ir al mercado de abastos de Algeciras para proveernos con comida para la barbacoa que planeamos para el domingo. Compramos tomates de huerto, unas patatas locales y una carne de retinto para la barbacoa que resultó espectacular.

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Cuando llegó la otra mitad del grupo les recogimos de la estación y pusimos rumbo directo a Tarifa. Comimos en la terraza del Arte y Vida y nos quedamos fritos en la playa.

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Cuando empezó a hacer frío, cogimos el coche hasta Vejer (está a unos 20 minutos de Tarifa). Vejer es uno de los pueblos blancos más bonitos de España, y había un par del grupo que no lo conocía, así que me empeñé en ir. Está en lo alto de una montaña y tiene unas vistas espectaculares…

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Dimos un paseo y cenamos en La Casa del Califa, uno de los hotelitos más bonitos de Vejer. Tienen un patio interior “El Jardín del Califa” al que se accede por un pasillo que llenan de velas. Su carta es marroquí, lo que tiene mucho sentido teniendo en cuenta que los musulmanes ocuparon Vejer desde el 711 hasta el 1264. Cenamos de maravilla.

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El domingo teníamos planeado salir en barco a ver una regata en Sotogrande, pero cuando estábamos ya listos y saliendo del pantalán fallaron los motores de nuestro barco. Con el viento que hacía nos os creáis que fue fácil volver a atracar. Total, que teníamos comida para un regimiento, así que decidimos irnos a la playa del Puerto de Sotogrande.

Si hubiese sabido que el barco se iba a averiar, habría propuesto ir a la playa de Zahara de los atunes y haber comido en El Campero, uno de los mejores sitios para comer atún de la zona. Otro plan es cruzar a Marruecos y hacer compras por allí, salen barcos desde Algeciras cada media hora. Planes hay de sobra…

Por la tarde llegamos pronto y estuvimos descansando en la piscina… la zona de la piscina es amplia, tiene una cocina con barbacoa y comedor abajo y unos vestuarios decorados con motivos morunos, muy útiles.  Los chicos empezaron a preparar la barbacoa e improvisamos una mesa. La carne fue cayendo una detrás de otra… y yo no sé si fue el vino o qué, pero cada trozo estaba más rico. Espectacular la carne de retinto. Nos bebimos 6 botellas entre 8 así que os podéis imaginar lo contentos que íbamos… hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

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A la mañana siguiente cada uno fue amaneciendo, y organizamos brunch en casa. Huevos fritos, pan, tomate, jamón del rico, fruta, yogures…

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Tras el brunch con pena recogimos nuestras cosas, cogimos por última vez la furgo en la que nos habíamos movido todo el puente, y volvimos a la estación de Algeciras. Viendo las fotos solo puedo pensar en volver.

Ahora que está preparada podéis alquilar esta joyita escondida… Como la acabamos de sacar al mercado sigue estando disponible para este verano . Os dejo el link de Airbnb y la página web -muy básica- que le hice yo misma a la casa (los precios en la web no están actualizados pero así vesis más fotos). Si alguien tiene interés también me puede escribir a mí directamente, que siempre es preferible e igual os podemos hacer precio! Os recuerdo mi mail: amesapuestacorreo@gmail.com.

http://loscedros.org/

https://www.airbnb.es/rooms/12716549?guests=10&check_in=2016-07-04&check_out=2016-07-11

Un abrazo,

Paula

Hamburguesas al whisky

Ahora que empieza el buen tiempo comienzan también las invitaciones a comer en la terraza de casa. Mi primo, que ahora vive fuera, pasaba por Madrid, así que decidí invitarle a comer a casa junto con sus amigos, que ya son mis amigos también.

Con 4 tíos en casa y siendo domingo, pensé en una receta contundente y que fuese fácil (invité a comer a última hora). Nunca había hecho hamburguesas caseras, así que decidí que era un buen momento para probar (total, si salían mal estábamos en familia).

 Ingredientes

 800 gramos de ternera picada (yo prefiero que me la pique el carnicero).

200 gramos de carne picada de cerdo.

Una cebolla picada

3 yemas de huevo

3 cucharadas de pan rallado

Un puñado de perejil

Un buen chorro de whisky (yo conté hasta 4)

Sal y pimienta

Salsa barbacoa/mostaza/kétchup/mayonesa (lo que más nos apetezca)

Un poco de lechuga (para decorar)

Beicon

Patatas. Aquí el abanico es amplio. Puedes currarte unas patatas fritas caseras, o como hice yo, que compré las patatas cocidas de La Guitarra (son unas patatas pequeñitas que ya están hervidas).

Ejecución (para principiantes muy principiantes)

  • Ponemos las lonchas de beicon en una sartén sin aceite (suelta mucha grasa), hasta que esté doradito y crujiente. Apartamos.
  • Picamos la cebolla muy finita. Mezclamos el resto de los ingredientes en un bowl y amasamos con las manos. Salpimentamos. Si podemos dejar la carne macerando un ratito con el whisky mejor.
  • Hacemos bolas con las manos y aplastamos un poco.
  • Ponemos las hamburguesas en una sartén con aceite, por los dos lados, hasta alcanzar el punto deseado (a mí me gustan menos hechas). Cuando le hemos dado la segunda vuelta colocamos el queso que nos apetezca por encima para que se funda un poco.
  • Para las patatas: Si usáis las patatas guitarra, abrimos el bote, las lavamos muy muy bien y las dejamos escurrir. Yo las metí en el horno mientras hacía las hamburguesas, con un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra y sal.
  • Tostamos el pan de la hamburguesa, colocamos kétchup/mostaza/mayonesa/salsa barbacoa, un poco de lechuga y cebolla y nuestro hamburguesote encima.
  • Partimos por la mitad y ¡a comer!

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Navaja: un gallego con esencia Nikkei

Hace unos días estuve en Navaja, una mezcla entre comida gallega y peruana que me sorprendió gratamente. Platos elaborados en un local desenfadado y a un precio más que aceptable. Sabores y mezclas sorprendentes… Calidad-precio uno los mejores sitios que he probado últimamente.

Localizado en la calle de Valverde nº 42 (Malasaña), el local es acogedor y pequeño. No admiten reservas (no puede tenerlo todo), lo que tiene bastante sentido viendo el éxito que tiene el sitio y lo ricos que están sus platos.  

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Empezamos la cena con un aperitivo de pimientos fritos con patatillas. Seguimos con un tataki de atún, muy rico y bien presentado, acompañado de una salsa algo picante y croquetas de aguacate.

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Dos buns, de presa y cangrejo (el segundo de cangrejo buenísimo, el de presa podría mejorar).

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También pedimos dos navajas, que no podían faltar. Muy conseguidas… aderezadas con lima, jengibre encurtido, cebolla china, tirabeque, soja, picante (habanero) y cacahuete machacado. Yo no soy de navajas y me ENCANTÓ.

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Otro de los aciertos fue el aguachile black tiger: los langostinos con sésamo, leche de coco, cebolla roja y batata dulce. Una mezcla de sabores increíble, muy thai.

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Muy buen descubrimiento que repetiré más de una vez.

Dirección: Calle de Valverde, 42, 28004 Madrid

Teléfono:636 85 23 04
Precio medio: 25-30€ con vino.

Destino: Burdeos

Nuestro viaje a Burdeos ha resultado ser una sorpresa. No me esperaba una ciudad tan bonita y señorial. Lo suficientemente pequeña como para pasearla sin necesidad de coche, con una oferta gastronómica infinita y una vida nocturna envidiable. Estoy escribiendo este post en el vuelo de vuelta y ya tengo ganas de repetir.

Hemos comido y cenado de cine, descubierto una gente amable y cariñosa, y disfrutado de una marcha que nada tiene que envidiar al de una ciudad grande. Nuestro finde de amigas ha sido redondo, y aquí os dejo esta mini guía para quien quiera repetir. Hay un vuelo directo desde Madrid que tarda 55 minutos, lo que también es un punto a favor.

Nos alojamos en unos apartamentos estupendos, ubicados en un château (Burdeos está lleno) de 3 pisos. Se llamaban Wellkhome Appartements, y están en pleno centro. Espaciosos, con salón grande, cocina completa (y cuando digo completa es con toda la vajilla, copas, sartenes, plancha, cafetera etc.), techos y ventanas altas, y unos baños amplios y bien dotados. 250€ las dos noches cada apartamento, lo que está bastante bien (en cada apartamento caben unas 4 personas).

El viernes llegamos con tiempo para darnos una ducha y salir a cenar. Fuimos a cenar Bouchon Bordelais. Un bistrot francés clásico en el que cenamos DE CINE. Gente local, camareros encantadores y los platos de diez.

Los entrantes destacar el foie y los rollitos de langostinos (los espárragos algo pobres, eran como 3 puntas con una crema debajo).

 

Los segundos nos gustaron todos. Espectacular el pescado (tanto la merluza como el bacalao), y la carne: buenísimo el solomillo macerado en soja, con unas patatas fritas caseras tiernas, casi dulces; y un filetón de buey, con una salsa súper rica cuyos sabores no conseguí sacar. Igual fue por las 3 botellas de vino que nos bajamos entre 5…

Basándonos un poco en lo que nos dijo la camarera elegimos –como no podía ser de otra forma- dos vinos de Burdeos. Mucho mejor el segundo que el primero, claro que también se notó en precio.

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De postre la especialidad de la casa: una tarta de queso y limón con galleta que desde luego se merece su fama. En total 45€ persona, bebiendo y comiendo como si no hubiese un mañana. Por ponerle una pega el servicio fue un pelín lento, aunque nada que nos preocupase mientras tuviésemos la copa de vino llena. Y esa mantequilla. Uf. Si vuelvo a Burdeos repito 100%.

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Tras LA cena nos fuimos a tomar una copa (todo lo hicimos andando), a la Comtesse (25 Rue Parlement Saint-Pierre). Bar pequeñito, con ambiente, en la calle de bares. Gente apetecible, copas bien servidas y buena música, con el volumen que te apetece siendo viernes. También tienen una terraza fuera muy agradable.

Desde allí pusimos rumbo a Le Theatre. Alguien nos dijo que sobre la 1.30 estaría lleno. Pero no. Que nadie se engañe, estos franceses son como nosotros. Hasta las 2.30-3 aquello no se llenó. Musicón. Si reservas botellas tienes opción de que el coche/furgo del garito te recoja de donde estés y luego te lleva a casa también…

El sábado nos levantamos mejor de lo que pensábamos… nos tomamos un café en casa, y nos fuimos a pasear. Jarreaba. Teníamos hambre de resaca, así que decidimos hacer la cola de L´Entrecote (no reservan así que no os molesteis en llamar). Es larga pero mereció la pena cada minuto de espera. Para quien no lo conozca, es un restaurante en el que solo se come ensalada con nueces de primero. De segundo una carne cortada finita, con patatas fritas (una porción perfecta de esas que no cabe en el plato, porque ¿cuándo te ponen suficientes patatas?), y una salsita verde de llorar. Solo tienes que elegir el punto de la carne. Estaba buenísimo. Tenía mis dudas porque no es el mismo que el que yo conocía de París, pero fue perfecto. El vino de la casa más que correcto. Si queréis ir aconsejo que sea pronto. Cierran la puerta del restaurante a las dos y allí ya no entra nadie más.

Para bajar la comida decidimos pasear Burdeos entero. Cogimos un mapa de la ciudad y fuimos de monumento en monumento. Preciosa la catedral y sus calles perfectas para perderse. Vi bastantes anticuarios. Me gustó especialmente una galería (Le Passage St Michel, 14 Place Canteloup) que aglutinaba unos cuantos anticuarios, tenía cosas ideales.

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A las 7 (tras 4 horas caminando) y al lado de la famosa puerta Caihau nos sentamos a tomar un chocolate caliente en Chez Fred (19 Place du Palais). Gente joven y guapa, animado. Tras ello, pequeña parada para una ducha rápida y a cenar.

Había reservado una cata de vinos en Wine Bar, un local pequeño en el centro. Resultó ser un sitio con alma, poco decorado, como se llevan ahora, cuyo dueño es un veneciano al que se le nota que le encanta lo que hace. Claramente no tienen cocina (todo fue frío) pero lo compensan con productos de calidad y buenos vinos.

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Habíamos reservado un menú para cada una, pero lo redujimos a 3 menús para las 5 y cambiamos la cata por dos buenas botellas de Burdeos. Sitio ambientado, picoteo rico, con productos de calidad, un buen vino, pan casero y una animada conversación consiguieron una noche redonda… Además del empeño de su dueño por hacernos sentir cómodas, que igual fue lo mejor que ofreció el sitio. Nos salió unos 32€ por persona.

El domingo desayuno y a pasear. Al lado de los apartamentos, en Place des Quinconces, ponen un mercadillo de antigüedades muy chulo, con muebles, lámparas, vajillas… me compré un trapo antiguo con mis iniciales que me encantó.

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De allí pusimos rumbo al mercado Des Quais, un mercado de comida en el que nos volvimos locas. Ostras, foie, quesos, embutidos, baguettes, vinos, dulces caseros… no sabíamos elegir. Había unas mesas al lado y hacía un día estupendo, así que decidimos hacer un picnic allí sobre la marcha. Un surtido de quesos, foie, brochetas de pollo, calabacín, embutidos y un buen vino de Burdeos (sí, nos hemos puesto las botas). De postre los dulces típicos de allí, una especie de masa con vainilla y ron, muy ricos.

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Ya estamos en Madrid y estaba pensando que voy a tener que cenar caldo toda la semana…

Tarta de verduras con queso de cabra y aceite de ajos confitados

Fácil, sana y sabrosa… Así es esta tarta vegetariana y crujiente que preparé la semana pasada. Cuando me dieron la receta pensé que sería algo sosa, pero me gustó -y mucho-. Tiene una mezcla de sabores buenísima, y el aceite de ajos confitados es súper suave.

 Ingredientes

Un rollo de masa quebrada

Dos berenjenas

Un tomate grande

Una cebolla pequeña

Media cabeza de ajos

Aceite de oliva virgen

Medio rulo de queso de cabra

Tomillo

Romero

Necesitaremos también un molde desmoldable redondo

Preparación (fotos abajo)

Para empezar confitamos los ajos para nuestro aceite confitado. Para ello cortamos media cabeza de ajo tal cual y metemos en un cazo con abundante aceite, a fuego lento (posición 4 de 9 en mi caso). Estará listo cuando al hundir la punta de un cuchillo tenga una textura muy blanda.

Mientras se hace el aceite de ajo pochamos a fuego lento la cebolla en una sartén con aceite.

Por otro lado, sacamos el rollo de masa quebrada y colocamos sobre el molde, cortando las partes sobrantes si hay. Cortamos horizontalmente las berenjenas y el tomate con piel, y colocamos en espiral sobre la base y echamos un poco de sal. Una vez está pochada la cebolla la ponemos por encima de nuestra tarta. En mi caso se me pasó la cebolla en la sartén mientras estaba de charleta con mi amiga, con el aperitivo y el vinito –sí, nada profesional, ya me vais conociendo-. No debe estar dorada sino más bien transparente.

Ahora es el turno del aceite. Sacamos la media cabeza de ajos y echamos dos o tres cucharadas de aceite sobre las verduras. Añadimos romero y tomillo (o lo que más nos apetezca) y metemos en el horno, unos 45 minutos.

Si queremos echarle el queso, lo metemos unos 15 minutos antes de sacar la tarta del horno. ¡Buenísimo!

 

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Segunda versión mejorada:

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10 ideas de aperitivos para un picoteo perfecto

Me encanta dar cenas en casa, y cocinar yo por supuesto (sí, es una matada, pero es que no lo puedo remediar). El otro día invité a un buen grupo a cenar a casa. Tan bueno que no cabíamos en mi pequeña mesa de comedor para 6. Así que me decidí por un poco de finger food y me puse a hacer una búsqueda intensiva de aperitivos que: (1) no requiriesen demasiado tiempo (trabajo 12 horas como todos –o no, igual es solo cosa de abogados-), (2) se pudiera dejar listo, lo que es absolutamente necesario teniendo en cuenta el punto 1, y (3) no fuera frito (tengo un apartamento pequeñito y diáfano, y acabaríamos oliendo todos a frito, lo que no era mi intención).

Me faltaba inspiración… dejar fuera los fritos y los hojaldres en un aperitivo no es nada fácil (sobre todo por los aperitivos calientes), así que decidí hacer un recopilatorio y compartirlo con vosotros:

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Dips de verduras con salsa de queso roquefort en vasito
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Brochetas de melón, mini mozzarellas y prosciutto, con balsámico

 

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Tomate con aguacate y hoja de albahaca.

 

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Pizza en vasito con salsa cuatro quesos y albahaca

 

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Pinchos morunos. Yo los compro hechos en el Corte Ingles, los corto en trocitos tamaño bocado, paso por la sartén y meto en pequeñas brochetas de cóctel. Como las brochetas que compro son de madera les doy un toque de micro antes de sacarlas.

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Tacos tamaño muffin, con pollo o carne picada, pimiento verde y rojo, cebolleta y queso. Puedes dejarlos hechos en el horno a baja temperatura y darles un golpe de calor antes de sacarlos

 

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Gambas al limón con aguacate y sour cream

Estos aperitivos de gambas y aguacate los he hecho dos veces, siguiendo mi receta de gambas pero sin añadirles el coco del final. Con el toque de limón, el aguacate y el sour cream está de locos. Una hojita de cilantro por encima le pone la guinda. Las bases las puedes encontrar hechas en cualquier super.

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Salmón ahumado con blinis. Yo compro el salmón lomito imperial del Corte Inglés (está buenísimo y cunde un montón) y lo corto en tiras finas, tras tostar un poco los blinis

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Mini fondants de chocolate. He comprado un par de veces los que venden en La Sirena congelados y os diré que están muy conseguidos… y van del congelador al horno directos 

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Tartaletas de limón

 

Espero que os haya servido como inspiración y os animéis con alguno de los aperitivos.

PD: fotos tomadas de Pinterest.

Destino: Piamonte

El Piamonte ha resultado ser justo lo que esperaba: carreteras estrechas rodeadas de colinas con viñedos, vinos de excelente calidad (hasta ahora desconocidos), una cocina lenta y trabajada con una sobremesa sin prisas, historietas detrás de palacetes decadentes… aquí todo va a otra velocidad….una velocidad muy acorde con la que me apetece estando en vacaciones.

Tras una semana intensa de trabajo llegar al Piamonte fue casi idílico. De hecho, tardé más de un día en acostumbrarme al silencio, el olor a tierra mojada y la visión de cerezos en flor en cada esquina.

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Viñedos en otoño

 

En cuanto a la gastronomía, me he llevado un par de sorpresas. No sabía que los platos del Piamonte tenían tanta influencia francesa y también desconocía la ausencia en su cocina de la famosísima pasta. En las cartas de los restaurantes he visto bastante cordero, aves y pescados como el bacalao.

Pero si existe un producto estrella en esta región –que desde luego venía buscando-, sin duda es la trufa blanca, una exclusiva rareza gastronómica cuyo precio puede oscilar entre los 2.500 y los 5.000€ el kg. Su momento es el otoño, pero en esta época también tienen una trufa de primavera llamada “tartuffino” que estaba bastante buena.

Además la zona del Piamonte fue la cuna del chocolate dulce como lo entendemos hoy en día, y donde se inventó el chocolate con avellanas… os podéis imaginar cómo me puse.

Si la introducción os ha convencido, os dejo una mini guía para un fin de semana allí. La idea que tenía de vacaciones era básicamente comer bien, descubrir vinos, dormir sin despertador, pasear por los viñedos, visitar alguna iglesia, investigar y conocer pueblecitos con encanto y comprar mucha trufa blanca para llevarme de vuelta a Madrid.

Transporte

Si vais en avión lo más fácil es volar a Turín (hay vuelo directo desde Madrid). Yo volé a Ginebra porque antes quería visitar a una amiga que vive allí. No os contaré todo lo que supuso llegar desde Ginebra al Piamonte porque tendría para otro post entero pero digamos que cruzar el Mont blanc no es poca cosa.

En Turín lo mejor es alquilar un coche y conducir hasta el pueblecito en el que nos alojemos. Está todo a una hora aproximadamente.

Alojamiento

Estuve investigando bastante los hoteles de la zona, y me gustaron los siguientes:

  • Relais San Maurizio, un Relais Chateaux en Santo Stefano Belbo, a hora y cuarto de Turín. Se sitúa en lo alto de una ladera, rodeado de viñedos. Bastante amplio. Claramente lo están reformando, y hay habitaciones nuevas y otras algo casposas: aseguraros de que os dan una de las que están renovadas porque hay mucha diferencia.

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  • Si en el primero no hay sitio o queréis algo más moderno, hay un pequeño hotel que acaba de abrir, Arborina Relais. A mi me gustó bastante, tiene unas vistas preciosas sobre los viñedos (aunque a diferencia del hotel anterior no está aislado sobre una ladera, sino integrado con otras casas), y unas habitaciones modernas. Si os decidís por este, os recomiendo una de las habitaciones sin jardín: las de arriba tienen mejores vistas.

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También hay mil alojamientos rurales más económicos, como Cascina Arcangelo Raffaele, por la zona también.

Gastronomía y planes

Viernes

Dependiendo de la hora a la que lleguemos podemos descansar en el SPA del hotel y relajarnos para la cena o bien ir a tomar el aperitivo a algún pueblecito de la zona. Yo me acerqué al Barolo (cuna del famoso vino que le da nombre) a tomar un aperitivo.

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Tras un par de copitas de vino pusimos rumbo a Guido Ristorante, a 10 minutos en coche, con una estrella Michelín. El sitio era impresionante, un antiguo palacete que el rey Victor Manuel II dejó a su amante y su hijo ilegítimo. El restaurante está un poco escondido, al fondo de una especie de complejo, pasando el hotel. El palacete tiene tres pisos, la planta baja donde está la cocina a la vista, y la planta primera donde están los salones, con techos altísimos y alguno de ellos con frescos originales.

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Excelente servicio, platos de cocina tradicional piamontesa, ingredientes de calidad y una carta de vinos envidiable. Pedimos un vino de su propia bodega, un reserva del 2004, que estaba realmente bueno.

De cena un huevo con una cama de patata con trufa, espárragos y brócoli crujiente. De segundo Tagliatelle fresco con setas -espectacular- y un bacalao con leche y patata súper delicado, muy bueno. De postre una tarta de miel que se parecía bastante a un crumble, quizá fue lo peor de la cena.

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Pagamos 70€ por persona (vino incluido). Evidentemente no es barato, pero me pareció que tenía muy buena calidad precio teniendo en cuenta el entorno, el servicio, el vino y lo que comimos.

Sábado

Desayuno al lado de los viñedos y rumbo a pasear por los pueblos. Empezamos paseando por Alba, tiene muchas iglesias bonitas que merecen la pena, y calles medievales por las que perderse. Aprovecharía para comprar trufa (la época es en otoño pero en primavera tienen otra variedad que no está nada mal). También puedes comprar salsas envasadas al vacío. Yo me traje de vuelta 3 salsas y 3 trufas blancas, que estaban buenísimas en una tienda llamada ratti elio en la calle principal. La trufa fresca me han dicho que aguanta unos 15 días en la nevera.

Para comer hay varias opciones (importante tener en cuenta que aquí se come como tarde a la una):

  • Si queremos tirar por todo lo alto, en la plaza del centro de Alba está Piazza Duomo, con 3 estrellas Michelín.
  • Si tenemos un presupuesto algo más ajustado, La Piola está fenomenal. Con un precio medio de 25€, el local es muy agradable, con sus contraventanas verde agua y una terraza con vistas a la Catedral de Alba.
  • Otra opción es ir a comer a Priocca, a 15 minutos de Alba, al restaurante Il Centro. No he estado, pero unos amigos míos que van todos los años a Alba nos comentaron que está genial.

Tras la comida pondría rumbo desde Alba a Neive, por una pequeña carretera de campo con preciosas vistas entre las laderas, no vayáis por la autovía (adjunto mapa), unos 20 minutos.

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Neive es un pequeño pueblo de piedra repleto de palacetes decadentes y vistas a viñedos, perfecto para pasear. En Neive uno de los condes de la zona desarrolló la uva que dio lugar al Barbaresco, un variante del famosísimo Barolo, y que estuvimos bebiendo durante todo el finde.

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De Neive volvería a coger el coche hasta Asti (unos 20 minutos por la autovía). Asti me pareció mucho más monumental, con calles anchas y plazas llenas de palacetes y casas señoriales. Asti fue el origen del movimiento para la reunificación Italiana en el siglo XIX, y se nota en cada rincón.

Aprovecharía Asti para merendar un gelato artesanal… yo me zampé uno de chocolate en la calle Collegiata di S. Secondo que tenía un premio nacional al sabor del año. No digo más.

Tras visitar estos pueblecitos/ciudades pusimos rumbo de vuelta al hotel, lo cual fue bastante bonito. Hacía unos 16 grados y caía en sol entre los viñedos.

Para cenar fuimos a otro restaurante con estrella Michelín, que me gustó per menos que el del día anterior, algo casposa la decoración y un menú mal planteado desde mi punto de vista. Se llama Massimo Camia, y es el restaurante de la bodega Damiliano.

Pedimos un reserva de su bodega que estaba francamente espectacular. Para comer el menú degustación, para mi gusto demasiado pesado. Consistía en un huevo escalfado rebozado con carne y frito; pichón troceado con huevo y canónigos con piñones y queso; ravioli de conejo y salsa de pimiento rojo; y un solomillo con rebozado de hierbas provenzales y espárragos con parmesano y castaña. La verdad es que los platos bastante buenos aunque me parecieron algo pesados.

De postre una tartaleta de limón, bastante rica, con una base de sable crujiente, y una especie de lingote de su conocido chocolate con avellana, que no me gustó. Lo sirvieron congelado y no me pareció que estuviese a la altura.

Pagamos unos 100€ por persona, con un vino excepcional y el menú degustación que estaba entorno a los 70€. Creo que si hubiésemos pedido a la carta habría sido más económico y sobretodo menos pesada la cena.

Domingo

Yo el domingo no tuve mucho tiempo porque tenía que volver en coche a Ginebra, pero me hubiese gustado aprovechar el día para hacer una ruta en bici o visitar una bodega. Había muchas rutas por la zona salir a montar en bici, y creo que los hoteles te las prestaban. Comer en alguna bodega con una cata de Barolos también me hubiese encantado, y también te lo organizan allí sobre la marcha, como esta que recomendaba Traveller.

En definitiva, un viaje para disfrutar de unos vinos excepcionales, la trufa blanca, el descanso y silencio de los campos de viñedos y una gastronomía de calidad. Para mi gusto la mejor época es otoño, cuando los viñedos están rebosantes y la trufa y los hongos en su mejor momento.