Tarta de chocolate fácil

Hoy os traigo una receta muy fácil de tarta de chocolate, que consiste básicamente mezclarlo todo en un bowl y al horno. Está buenísima, es una tarta húmeda con un toque a café y chocolate, densita pero fina a la vez… Las hojas también son fáciles, ya veréis.

También os contaré mis pequeños fallos (a veces pienso que soy demasiado sincera… pero de eso va el blog: cocina para gente que no suele hacerlo). Así me aseguro también de que a vosotros no os ocurre lo mismo.

Es la tercera receta seguida que subo, pero quería redactar del tirón las tres recetas del menú de cordero que preparé la semana pasada. El próximo post será un restaurante muy apetecible que subiré el domingo… Pero bueno, vamos al lío:

 Ingredientes

 Para el “bizcocho”

  • 5 huevos
  • 200 gramos chocolate Nestlé postres (el de siempre)
  • 200 gramos de mantequilla
  • 150 gramos de azúcar
  • Una cucharada de harina de repostería
  • Una tacita de café (yo hice uno solo de nespresso)

Para la cobertura (opcional)

  • 150 ml de nata líquida
  • 300 gramos chocolate Nestlé postres

Para las hojas de chocolate (opcional)

  • 200 gramos chocolate Nestlé postres
  • Hojas reales del jardín, o de flores que tengas por casa. Las mías son de hortensia.

 

Ejecución

El “bizcocho”:

  • Precalentamos el horno.
  • Derretimos el chocolate con la mantequilla en el micro, con cuidado de que no se queme. Yo creo que lo puse dos minutos y luego lo removí bien, y el chocolate se funde.
  • En el mismo bowl donde lo hemos derretimos echamos el resto de los ingredientes: los 5 huevos, el azúcar, la harina y la taza de café.

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La taza de café

La mezcla es bastante líquida, y la textura tras el horno no es la de un bizcocho, sino una especie de mousse.

Mi error fue ponerlo en un molde desmoldable, y se me salió parte de la mezcla durante la cocción (aunque como veis en la foto conseguí salvarla y nadie se dio cuenta :).

Por eso debemos poner la mezcla en alguna fuente redonda que tengamos que sea apta para el horno. Lo metemos a 180 grados 25 minutos.

La tarta está rica tal cual, como densita y con un regusto a café estupendo. Pero si tenemos alguna ocasión más especial podemos añadir la cobertura y las hojas que os comento a continuación.

 Las hojas.

  • Derretimos el chocolate en el micro con cuidado de que no se queme. Una vez derretido pintamos las hojas (que habremos lavado y secado)con un pincel  por la parte de atrás (donde está más marcado el nervio de la hoja). Si no tenéis pincel yo en algún viaje he llegado a hacerlo con una cucharilla de café…
  • Metemos en la nevera para que se endurezcan y una vez duras volvemos a pintar. Y a la nevera de vuelta.
  • Una vez duras (después de la segunda capa) levantamos las hojas del chocolate tal cual sale en la foto. Yo aconsejo no quitarlas hasta el momento en que lo vayamos a servir, porque a veces el chocolate cambia de color y no es tan estético. E intentar manipularlas lo menos posible (no deja de ser chocolate y se derrite un poco con el calor de las manos).

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La clave de las hojas (sobre todo las que tienen las venas tan marcadas como en las de la foto) es que la capa de chocolate sea gordita para que no se rompa, así que pintad sin miedo.

Mientras las hojas están en la nevera y el bizcocho en el horno, hacemos el ganache, que es la cobertura que lleva el bizcocho por encima. Para ello metemos la nata en el micro hasta que llegue a ebullición, lo vertemos sobre el chocolate, y removemos hasta que se haya derretido e integrado todo.

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Montaje: sacamos la tarta del horno, y una vez fría, vertemos el ganache por encima. Metemos en la nevera para que cuaje todo un poquito y a la hora de servir “desmoldamos” nuestras hojas” y ponemos encima.

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Además de fotogénica, está buenísima. ¡Animaros a probarla!

Nace Balbisiana

Hoy miro atrás y me doy cuenta de lo poco me que me gustaba mi vida antes. Aparentemente era completa: una familia que me quería y un trabajo en uno de los mejores despachos de España. Tenía la sensación de que la vida pasaba deprisa, con muchísimo estrés, comidas y cenas delante del ordenador, esperando a que llegase el fin de semana. Para tener que trabajar también en alguna ocasión.

Eso cambió el pasado mes de marzo, y es parte del motivo por el que dejé de escribir aquí. Nació Balbisiana y descubrí lo que es hacer una cosa con pasión. Crear algo tuyo. Verlo nacer desde cero. Descubrí lo que es quedarte sin un sueldo a final de mes. Lo que implica la verdadera atención al cliente. La disponibilidad. El trabajo de verdad. A diferencia de mi vida anterior, ahora no acepto un no. Lo intento absolutamente todo hasta el final, cueste lo que cueste. A mis 33 años tengo una energía que no sabía que existía. Nada me cuesta porque todo lo deseo como no había deseado nada antes. Este post tiene un doble mensaje: que conozcáis mi nuevo proyecto y que os animéis a perseguir lo que os gusta, aunque suene a topicazo.

Balbisiana es una empresa de repostería que fabrica tartas para empresas y particulares. Nació un frío día de diciembre en la finca de unos amigos. Ya sabéis que me encanta cocinar. Pues ese día me encargué de hacer el postre para un grupo de gente, entre los que estaban algunos socios del Grupo Larrumba. Probaron el banoffee y les encantó. Me pidieron si podía suministrarles tartas. Yo (que por aquel entonces era abogada 18h al día y vivía pegada al ordenador) no lo dudé. No tenía obrador. Tampoco tenía formación y nunca había hecho tartas para hostelería. En definitiva, no tenía ni p*** idea de nada. Pero al día siguiente me puse a buscar obradores como loca para poder servirles las tartas. Y conocí al presidente de Comess Group, que también probó mis tartas. Lizarrán (con el que ya no trabajo) permitió que me adentrase en el mundo de la fabricación artesanal de tartas en cadena. Después de eso vinieron otras cadenas con franquicias por toda España. Muchas veces les vendía de palabra cosas que aún no había hecho, porque no tenía un catálogo, ni experiencia de ningún tipo.

Tuvieron mucha paciencia conmigo. Yo me levantaba a las 5 de la mañana, cogía el coche de mi amiga, y ponía rumbo al obrador. Todavía recuerdo el frío que hacía, y la sensación de malestar en el estómago. Esa que tienes cuando te levantas de madrugada, con el cuerpo cortado después de haber dormido poco. En el obrador le enseñaba a mi equipo lo que quería hacer y cómo quería hacerlo. No es fácil que una tarta salga siempre igual. Tampoco fue fácil cambiarles su forma de trabajar. Explicarles que yo no quería aromas ni colorantes, que quería que fuese todo natural. Que me gustaban las tartas imperfectas porque eso significaba que las había hecho una persona. Después terminar las pruebas del día ponía rumbo a Madrid. Las cadenas con las que trabajaba -sabiendo que era abogada en Cuatrecasas- me ponían las reuniones a las 8.30-9 para que pudiese compaginarlo. Nunca podré agradecer lo suficiente la confianza que tuvieron en mí. Tras la reunión de turno entraba a trabajar en el despacho. Normalmente eran 12 horas, pero perfectamente podían ser 14 o 15. El trabajo en el despacho era muy exigente, y yo también quería que el cliente tuviese el mejor servicio legal posible, al nivel obviamente del despacho en el que estaba.

Llegaba a casa agotada. Algunos días probaba nuevas recetas en mi pequeña cocina, para no entorpecer el trabajo del obrador y llevar la receta exacta. Solía acostarme entre las 12 y la una de la mañana, para volver a empezar al día siguiente. Como os podéis imaginar, fueron meses difíciles. Engordé 6 kilos (que aún hoy estoy perdiendo), veía poco a mis amigas y al no tener formación me desesperaba cuando las cosas no salían bien.

Y llegó marzo. Y con él desavenencias con mi futuro en el despacho. La simbiosis perfecta para dar el salto. Dejé el despacho con pena. Eran 9 años y medio dedicados al derecho. Y haciéndolo bastante bien. En la foto con cara de cansada a más no poder. El juicio más complicado de mi carrera -que además era en Asturias- lo hice un día antes de irme. Ganamos 😉

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Recuerdo que cuando salí los primeros días me asombraba ver las tiendas de mi calle abiertas, algunas de las cuales no sabía ni que existían. Hoy en día me sigue sorprendiendo la luz que mi casa tiene a horas determinadas, que tras años viviendo aquí nunca había visto.

Así fue como un día soleado -unos 4 días después de dejar el despacho- iba andando por la calle y lloré de felicidad.

Y es que soy tan feliz y me gusta tanto lo que hago que no quiero dejar de animar a emprender a todo aquel que quiera leerme. Se nota tanto cuando alguien es un enamorado de su trabajo. Hace que los demás quieran ser parte de ello. Me desvivo por mis clientes. Desde marzo no existe el tiempo libre, porque se confunde con lo que hoy en día se supone que es trabajo. Estoy disponible las 24h porque tengo tantas ganas de que esto salga que lo hago feliz. Empezar algo es difícil. Tienes que renunciar a muchas cosas. Dormir, tener vida social o dejar de hacer otras cosas que te gustan. Pero son elecciones. Y esas elecciones dependen de ti.

Volviendo a las tartas, vendemos online en www.balbisiana.com. De momento solo en Madrid, pero en octubre estarán disponible en toda España si salen bien las pruebas de envío que estamos haciendo. También os dejo la cuenta de Instagram por si os animáis.

Las tartas están de muerte. Y no es porque las haga yo. De verdad que están muy buenas. Estoy deseando que las probéis. Os dejo fotos abajo para que activéis el modo goloso. Ojo que también hacemos postres sin azúcar ni grasa. Y la semana que viene sacamos el catálogo para catering e incorporamos nuevas tartas veganas aptas para los intolerantes a la lactosa. Y si todo sale bien, también habrá tartas sin gluten.

En fin, no sé cuántas tartas venderé, ni qué futuro tiene Balbisiana. Pero sí sé que aquí y ahora me siento una de las mujeres más afortunadas del planeta. ¡Gracias a todos los que formáis parte de ello!

No sé cuántas tartas venderé, ni qué futuro tiene Balbisiana. Pero sí sé que aquí y ahora me siento una de las mujeres más afortunadas del planeta. ¡Gracias a todos los que formáis parte de ello!

 

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El día de esta sesión de fotos me caí de la moto en la que llevaba (plegadas) unas 20 cajas de tartas para la sesión y había dormido 3 horas. Mi tobillo sangriento no se ve. En los 10 minutos que nos quedaban el fotógrafo Asís G. Ayerbe (que recomiendo muchísimo) hizo que saliese así de bien.

 

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PD: prometo retomar el blog y subir nuevas recetas y restaurantes. Que el último post es de abril. Soy un desastre, qué le vamos a hacer. Pero vengo con energía.

Pasta gratinada

Chérie, je vais te montrer la recette, mais il est important de savoir que ce n’est pas les pâtes à la carbonara. C’est un gratin des pâtes avec de la crème. Afirmación hecha. La pasta que os traigo hoy es una receta de pasta gratinada à la crême, pero en no carbonara (que dejo para otro post).

Os he hablado varias veces de Patrick, el marido de mi madre, en el otro post sobre pasta que escribí y en uno en el que hablaba sobre carne y vino. Vivió 5 años en Italia, trabajando mano a mano con Berlusconi, y la pasta le sale de cine… A Patrick le encanta cocinar y a mí aprender todo lo que hace, así que cuando se mete en los fogones me pongo a su lado y tomo nota de todo para contároslo.

Ayer celebramos el cumpleaños sorpresa de mi cuñado, que se mudó a Sotogrande con mi hermana hace unos años. En mi casa nos encanta organizar eventos, así que hicimos una buena compra, una gran tarta de cumpleaños y monté una bonita mesa. Nick no tenía ni idea… y le encantó.

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Mi madre siempre dice que nuestras cenas son como la Torre de Babel, porque cada uno habla en su idioma, y -aunque alguno tira de Google Translate-, lo mejor de la noche suele ser intentar traducir los chistes de mi tío (que tiene mucho acento andaluz y una gracia innata) al inglés o francés.

El menú era sencillo pero delicioso. Una ensalada verde con un buen aliño y pasta gratinada con nata. Más un gran aperitivo a base de jamón, lomo y tortilla de patatas con berenjena y pimiento.

Para hacer la pasta necesitas (para 10 personas con hambre):

–          Dos paquetes de pasta (las mías eran caracolas enormes de Rummo).

–          Un litro de nata ligera

–          Panceta de carnicería

–          Un paquete de jamón york ferrarini

–          Dos paquetitos de jamón en tacos

–          2 paquetes de queso rallado para gratinar

–          Un poco de mantequilla

–          Pimienta

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Preparación:

–          Cocinamos la pasta muy al dente (luego se termina de cocinar en el horno)

–          En una sartén sin aceite ponemos la panceta cortada pequeñita y más tarde el jamón york y el serrano que tardan menos, y reservamos.

–          En una fuente para horno ponemos unos dados de mantequilla y forramos las paredes un poco con ella.

–          Añadimos canela molida en el fondo y a continuación un poco de nata.

–          Ponemos una primera capa de pasta, una capita de la carne rehogada, y una de queso. Añadimos un buen chorreón de nata (luego la pasta la absorbe). Es mejor pasarnos que quedarnos cortos, porque se puede quedar seca.

–          Ponemos otra capa de pasta, y añadimos la panceta sobrante, más nata y mucho queso.

–          Molemos pimienta negra encima, sin miedo. Y unos trozos de mantequilla.

–          Metemos en el horno a 120 grados una media hora, hasta que se gratine el queso y se haya absorbido un poco la nata.

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Hay dos sesiones de fotos, porque sobró y la volvimos a hacer al día siguiente (¡festival calórico!)

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De postre hice una tarta banoffee, que salió rica rica… Acompañamos la cena con un Burdeos de Saint Emilion y un Borgoña excepcional.

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Siempre digo que es muy fácil hacer cosas ricas que tengan muchas calorías, y que lo difícil es precisamente lo contrario (y lo que yo suelo buscar), pero un día es un día. Ya que el plato tiene dos millones de calorías, lo importante que esté rico, como en este caso. Yo hoy he añadido a mi carrera mañanera habitual media hora andando y una clase de spinning… para compensar los (¡TRES!) platos de pasta que me he zampado. Y un trozo de tortilla. Y lomo con picos. Y un trozo de bannofee y… no tengo remedio….

Langostinos al coco

No soy de fritos, pero estos langostinos me encantaron y los pongo mucho de aperitivo cuando doy alguna cena. Los sirvo en una cestita en la que pongo un papel absorbente.

Son distintos y suelen gustar mucho… además de ser FACILÍSIMOS! Vamos allá.

Ingredientes para 4 personas

  • 12-16 langostinos
  • 150gr harina para tempura
  • sal
  • 200gr agua (yo lo hago un poco a ojo)
  • 1 taza coco rallado
  • aceite de girasol
  • Salsa de chile dulce (a la venta en chinos o tiendas de productos asiáticos de la calle leganitos)

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Preparación

Pelamos los langostinos salvo la cola. Si queremos ser perfeccionistas hacemos un corte superficial por la parte del lomo y le quitamos el intestino para que no queden arenosos. Yo lo hago según del humor que tenga ese día. Les ponemos un poco de sal a los langostinos.

Preparamos la pasta en la que vamos a rebozar los langostinos. Yo suelo poner la harina y voy añadiendo agua fría hasta que consigo la textura de la foto, sin grumos y ligeramente espesa.

Ponemos el aceite a calentar y pasamos los langostinos por la pasta de harina, luego por el coco y a la sartén hasta que estén dorados, cuidando de darles la vuelta. Pasamos por papel absorbente y a darles un bocao!

 

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Una receta de carne fácil y rápida

Llevo mes y medio sin escribir… mes y medio en el que he trabajado a lo bestia y han pasado muchas cosas en mi vida profesional, que prometen cambiarla –y mucho-. Son buenas noticias y espero poder compartirlas con vosotros muy muy pronto. Mientras, he estado pensando en recetas de esas fáciles y ricas.

El otro día subí a Stories (Instagram @a_mesa_puesta) una cena de cumpleaños, en el que salía una carne rosadita y bien cortada. Al día siguiente me encontré a mi amiga Blanca, que le había hecho pantallazo a la foto de lo que le había gustado la idea. Pues bien, tengo buenas noticias, porque la carne es FACILÍSIMA y se hace en nada.

Este post me pilla de vacaciones en casa, así que he rescatado las fotos de hace mil, cuando la hice por primera vez (después de esa la he hecho unas 5 o 6 veces más, es muy socorrida). No lo subí porque la pieza que me dieron tenía un nervio muy feo en el centro, pero os aseguro que estaba igual de rica. Yo la hago con rabillo de cadera, pero podéis hacerla con solomillo o lo que más os guste.

Ingredientes para 4 personas que coman bien

  • Una pieza de rabillo de cadera
  • El zumo de un limón y medio
  • Dos hojas de laurel
  • Dos clavos
  • Aceite de oliva

Preparación

  • Salpimentamos la carne y la dejamos macerando con el zumo de limón (lo que podamos, un par de horas está bien).
  • Escurrimos la carne y reservamos el zumo de limón para luego. Ponemos una sartén  a fuego fuerte con dedo y medio-dos dedos de aceite. Cuando esté caliente sellamos la carne. Una vez sellada retiramos la carne y dejamos templar un poco el aceite.
  • A continuación ponemos 4-5 dientes de ajo (a los que le habremos dado un golpe con la piel puesta, para abrirlos un poco) en la sartén, junto con el zumo de limón, los ajos, el laurel y los clavos. Ponemos la carne y la dejamos 4 minutos por cada lado, tapándola entre vuelta y vuelta. Con este tiempo se queda rosita. LA CARNE QUEDA IGUAL DE BIEN SIN LOS AJOS, así que podéis prescindir de ellos si queréis. A mi a veces casi me gusta más sin ellos.
  • Sacamos la carne, la fileteamos finita y ponemos la salsa en una salsera.

Fácil verdad? Siempre triunfa, está tirada y gusta muchísimo! Muy socorrida. Podemos ponerles patata gvitarra de acompañamiento. Ñam!

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y esta fue la preciosa mesa que puse en la terraza (en su día) para la ocasión:

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La carne de Fina

Ya venía siendo hora de subir una receta. Y cómo no, es una de las recetas fáciles y ricas que nos gustan. Es un clásico en mi casa. Bautizada como “la carne de Fina” en honor a la maravillosa cocinera que tiene mi madre, le sale como a nadie. Yo he ido cogiendo práctica y –según los que la probaron- estaba muy rica… ¡vamos al lío!

Ingredientes para 4:

  • Dos solomillos de cerdo
  • 2 cebollas grandes
  • 7 zanahorias
  • Un chorreón de aceite de oliva (yo conté hasta 5)
  • Un chorreón de vino blanco (un vaso)
  • Una pastilla de Avecrem (opcional)
  • 6 o 7 patatas (opcional)

Preparación

  • Cortamos y pelamos la cebolla y las zanahorias en rodajas.
  • Salpimentamos la carne, y la ponemos en una bandeja de horno con la cebolla y la zanahoria alrededor, y añadimos un poco de sal y pimienta a la verdura.
  • Echamos el aceite y el vino blanco. Añadimos el Avecrem.
  • Aquí podemos añadir también unas patatas lavadas con/sin pelar, para acompañarlo.
  • Metemos en el horno a 180 grados, primero por debajo y luego arriba y abajo hasta que esté doradito y se hayan hecho las zanahorias (que a veces tardan más). Unos 50 min tarda mi horno, el de mi madre menos. Ojo con que no se nos quede seca la carne.

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Si vemos que se ha quedado seco podemos añadir un poco de agua o aceite. ¿Fácil verdad? Además es sanote y está de mojar pan!

Por cierto, es aconsejable cortar los solomillos en frío: cuando están calientes tienden a desmigarse y se pone difícil cortar unas lonchitas que queden bien en el plato. Yo muchas veces la dejo hecha y paso la salsa a una salsera. Y antes de cenar corto la carne y caliento solo la salsa en el micro. Te permite no estar pendiente de la cena y disfrutar de tus invitados 🙂

Crema fría de espárragos

Ver para creer. Eso debieron pensar mis amigas el otro día cuando les conté lo que llevaba esta receta insultantemente fácil. Es sana, súper rica y se hace en 5 minutos. Muy de A mesa puesta, ¿o no?

Ingredientes para 2-3 personas

  • Un bote de espárragos blancos extra con su jugo (el mío tenía 7 espárragos aprox).
  • Un huevo duro
  • Aceite de oliva

Preparación

  • Echamos el bote de espárragos blancos con su líquido en una batidora. Añadimos el huevo y batimos. Añadimos un chorreón de aceite (yo conté hasta 4 no muy lento), aunque va al gusto.

FIN

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La crema queda sueltecita, muy ligera. Yo lo serví con un chorreón de aceite, pimienta y cebollino. Súper fresquita y depurativa.

¿A que es fácil? No sabéis como está… no le pongáis sal, está perfecta así. Tampoco hizo falta colarla ni pasarla por un chino.

Desde aquí gracias a mi amiga Teresa y a su suegra (una cocinera de primera) por pasármela. Tengo en casa espárragos y lo pienso repetir para cenar hoy… 🙂

Un abrazo,

Paula

PD: Vais a tener que disculparme, estoy escribiendo muy poco últimamente, pero tengo muchas cosas en el tintero. Prometo publicar pronto muchos sitios nuevos y recetas fáciles y ricas, de las que nos gustan.

 

Lubina al horno con limón, ajo y vino blanco

Es una de mis recetas más básicas… de esas que hago en verano un par de veces a la semana. El otro día la hice en una cena y me pidieron que la subiera. Es tan fácil y clásica que tenía dudas pero allá va. Como le pilles el punto al pescado está para chuparse los dedos y encima es facilísimo…

Ingredientes para dos personas:

  • Una lubina salvaje de kilo y medio
  • 12-14 ajos pequeños
  • Un buen chorreón de aceite
  • Dos o tres limones

Preparación 

En la pescadería pedimos que nos limpien el pescado, especificando que nos quiten también una especie de bigotes (no sé cómo se llaman técnicamente, al final me entienden), que le da un sabor al pescado que no es tan bueno, como que lo agria.

Ponemos el pescado en una bandeja, le echamos sal gorda y pimienta molida, le hacemos 2 cortes a los lomos e introducimos una rodaja de limón en cada raja, y otras dos rodajas en el corte del centro del pescado (cuando lo limpian lo abren por la mitad). Añadimos 3 o 4 rodajas más en la bandeja.

Echamos en la bandeja los ajos con la piel (a los que le hacemos una rajita para que no salten en el horno, o un golpecito seco). Añadimos medio vasito de vino blanco y dos chorreones de aceite de oliva a lo largo de la bandeja.

Lo metemos todo al horno 20 minutos a 180 grados. La clave del pescado es cogerle el punto de cocción…si te pasas no será lo mismo. Es cuestión de práctica y de conocer tu horno! Si es la primera vez ya verás como a la tercera saldrá perfecto 😉

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Limonada de pepino y hierbabuena

Bueno… han sido 3 semanas de trabajo extremadamente intenso… con el tiempo justo para comer y dormir, pero ya estoy recuperada, y vuelvo al blog con una receta muy fresquita y apetecible.

Llevo algo menos de una semana de vacaciones y he hecho esta limonada todos los días. Me la descubrió mi madre, y la verdad es que es súper sana, se puede tomar a todas horas y es muy fácil de hacer. He leído que el agua de limón y pepino es depurativa y diurética, y ayuda a elimar toxinas. Yo en realidad lo preparo porque está buenísima y no engorda nada!

Vamos allá con la receta!

Ingredientes

  • Un pepino y medio
  • Un limón más otro para decorar
  • Una cucharadita de Stevia
  • Medio litro de agua
  • Una ramita de hierbabuena

Preparación

  • Lavamos los pepinos y limones muy bien.
  • Pelamos un pepino, lo cortamos en trozos grandes y lo metemos en el vaso de la batidora. Añadimos el zumo de un limón (algo menos de medio vasito), una cucharadita de stevia, y un gran vaso de agua, hasta cubrir los pepinos. Batimos.
  • Pasamos nuestro puré de pepino por un colador y vamos añadiendo agua a medida que seguimos removiendo.Nuestra mezcla colada deberá ser como un agua verdosa. Lo probamos y rectificamos. A mí me gusta que sepa como a limonada, pero hay gente que le gusta más dulce o más suave. Podemos ir añadiendo agua o stevia, según nos apetezca.
  • Cortamos el otro medio pepino, una vez pelado, en rodajas, y lo metemos en una jarra transparente. Cortamos el otro limón en rodajas con la piel, para decorar. Introducimos también en la jarra la hierbabuena. Vertemos nuestra limonada en la jarra y dejamos enfriar. Si queremos consumirlo en el momento podemos añadirle unos hielos.

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Hojaldre de queso con setas y romero

Recuerdo perfectamente el momento en que me inventé esta receta. Ya había visto lo del queso y hojaldre en algún blog. Era mi cumpleaños y me había encargado yo de hacer toda la comida, para 30 personas… Mi pequeño apartamento no está acostumbrado a tanta gente. Mi cocina es básicamente una barra larga que se abre a un pequeño comedor de madera, donde suelo trabajar. Tiene un jardín vertical de fondo y una lámpara con bombillas que caen del techo que hice yo misma, donde serví la cena.

Ese día los platos inundaban mi mesa de trabajo, y yo no habría llegado si no llega a ser porque tenía ayuda. La cena era a las 10 y yo salí de trabajar a las 8,30. Sí, has oído bien. Había ido cocinando a lo largo de los días y estaba casi todo hecho, pero faltaba emplatar (siendo cóctel os aseguro que no es poca cosa). Siempre he pensado que un post sobre “Como trabajar 12 horas diarias y dar una cena con éxito” sería un pelotazo… jajaja.

Ya estaba arreglada. Miré la comida, pensé que éramos 30 y me podría quedar corta (siempre lo pienso y al final sobra, pero yo me quedo más tranquila). Abrí la nevera, vi uno de los quesos camembert que no cabían en la tabla de quesos, setas shitake (que tengo casi siempre que hay, me encantan) y romero, que había comprado para decorar las cestas de pan. Tenía hojaldre guardado para hacer palmeritas. El horno estaba encendido a fuego suave (es donde dejo los pinchos calientes para sacarlos calentitos) así que decidí inventarme un plato más sobre la marcha y hacer la receta que os traigo hoy. Esta vez la hice para una cena en la terraza, como entrante, con un poco de ensalada con vinagreta de mostaza. De segundo hice un tartar de langostinos que espero subir muy pronto!

Ingredientes para cuatro personas

  • Una plancha de hojaldre redonda
  • Un queso camembert
  • Un puñado de setas (las mías eran shitake pero vale cualquier que nos guste)
  • 3 o 4 ramitas de romero
  • Un huevo para pintar

 

Preparación

  • Extendemos la plancha de hojaldre.
  • Ponemos el queso, las setas encima, junto con el romero.
  • Cerramos el hojaldre como en las fotos. Hay gente que le da la vuelta y lo hornea boca abajo.
  • Pintamos con huevo.
  • Introducimos en el horno a 180 grados hasta que se dore. La cocina a estas alturas olerá a gloria.
  • Cortamos y comemos.

¡Está de vicio!

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Si no tenemos pincel podemos usar una cucharilla

 

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