DESTINO: Costa Brava

Qué gran destino. Pueblos de piedra de ensueño, calas escondidas de aguas cristalinas y una gastronomía sobresaliente. En junio las playas aún no están abarrotadas, se puede comer en los chiringuitos sin el calor asfixiante de agosto y descansar merecidamente antes del empujón final del verano.

Por si lo anterior fuera poco, tuvimos la suerte de encontrar hueco en el hotel Les Hamaques, en Viladamat, Gerona, a 90 minutos en coche del aeropuerto de Barcelona, un pequeño pueblo cerca de Sant Martí d’Espúries (Tel. +34 972788458, info@leshamaques.com). Es un hotel pequeño y encantador, con mucho estilo, que regenta una familia que te hace sentir como en casa.

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Tiene muy pocas habitaciones, pero son todas tan bonitas que no sabría con cual quedarme…

Llegamos tarde, y tras un baño casi anocheciendo en la piscina, ducha y a cenar. Nos recomendaron un sitio cerca del hotel, Pera Batlla. Un antiguo molino francamente encantador. Platos que combinaban mar y montaña, con una cocina de mercado. Tenía un cenador con bombillas sobre una parra, y mesas dando a un pantano. El sonido del agua, un vino blanco bien frío y un poco de sepia culminaron una noche perfecta.

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A la mañana siguiente fuimos a la playa de Portisol. Tras un merecido chapuzón, subimos a comer al Hostal Empuries, precioso, con un ventanal enorme que da al mar. Comida mediterránea de autor, muy cuidada, con exquisita presentación y preocupación por el producto, en su mayoría local y ecológica.

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Al día siguiente visita a Peratallada, un pueblo medieval que se ha mantenido casi intacto, en el que es una gozada pasear y perderse.

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Tras el paseo, pusimos rumbo a la playa de Canadell. Estaba bastante llena al ser la playa del pueblecito, pero es cómodo si lo que pretendes es comerte un arroz en el restaurante Tragamar, del grupo Tragaluz. Hay pescados, ensaladas y algo de marisco pero nos decidimos por un arroz con bogavante buenísimo!

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Tras este pedazo de plato fue francamente difícil pensar en volver a Madrid… En todo caso, os aconsejo salir con tiempo de vuelta a Barcelona porque el domingo hay bastante tráfico… yo casi pierdo el AVE!

Destino: Tarifa

La casa de mis abuelos fue como una segunda casa para mí. Mis dos padres trabajaban y me soltaban en el campo con mis abuelos cuando estaban ocupados. Para mí era el mejor momento de la semana… estaba muy unida a mi abuelo, hacíamos mil cosas juntos, y creo que a él debo en parte mi hiperactividad. Solía llevarme a ver los animales que acababan de nacer, me enseñaba a tirar, me ponía a recoger piñones o hacíamos rosquillas en la cocina. A él le debo también mi amor por la repostería. Solía dictarle las recetas a su secretaria, que me las mandaba por carta, escritas con máquina de escribir.

Los días que hacía peor tiempo los pasaba con mi abuela viendo pelis antiguas de vaqueros o romanos. Los días más especiales me daba un dátil (sí, fueron mis chuches de pequeña) o me hacía pan frito… el pan moreno local, bañado en leche, frito y pasado por azúcar (lo que en el resto del mundo son las torrijas, yo las merendaba en el campo todas las semanas).

Cuando mi abuelo murió rehabilitamos la casa, con la intención de alquilar todo el campo y así poder mantenerlo vivo. Y -aunque odio pensar que gente extraña habitará en ella- lo prefiero a verlo desaparecer. Así que aquí estoy, en un post mucho más personal del que os tengo habituados, contándoos mi historia, y dándoos a conocer esta preciosa casa, para que lo compartáis con quien os apetezca. O quien sabe, animaros vosotros mismos a venir.

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Para poner a prueba el primer alquiler de la casa invité a un grupo de amigos el pasado puente de mayo, y –qué os voy a contar- la experiencia fue redonda. Es una casa grande, de estas que respiran historia, rodeada de un gran jardín. Está situada entre Algeciras y Tarifa, en el Parque Natural de los Alcornocales. No sabría decir qué es lo que más me gusta de ella… Si tuviese que elegir serían las vistas a la Bahía de Algeciras, el silencio que se respira por la noche o su ebanistería -mi abuelo diseñó y mandó hacer cada una de las puertas y armarios de la casa-.

Si vais desde Madrid lo más fácil es coger un tren directo a Algeciras. Ese tren solo tiene dos horarios y tarda un poco así que igual preferís ir en AVE a Málaga y alquilar un coche (está a una hora y cuarto), o ir a Sevilla.

Nosotros fuimos en el tren de Algeciras hasta San Roque, donde cogimos el coche y pusimos rumbo a Casa Mané, un sitio de pescado mítico al lado de la bahía, en Palmones. Tienen un marisco y pescado buenísimo, aunque esa noche falló el atún.

 

 

Tras la cena subimos al campo temprano, sobre las 23h, y ahí nos estaba esperando, preciosamente iluminada. La verdad es que mi madre y mi tía se lo trabajan muchísimo. Todas las habitaciones, el jardín y el campo estaban perfectamente iluminadas. Había flores frescas y velas en todas las habitaciones y nos habían dejado la chimenea encendida… Nos pusimos unas copas en el salón de invierno, al lado de la chimenea y nos dieron las tantas… No puedo pensar en un mejor plan.

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Vistas desde casa por la noche

 

A la mañana siguiente, cuando nos despertamos, hacía un día de poniente espectacular, que nos dejaba ver Gibraltar al fondo, junto con el estrecho y los barcos. El desayuno estaba comprado, así que pusimos la mesa y preparamos un buen surtido para coger energía. Con estas vistas todo sienta mejor, para qué nos vamos a engañar.

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La otra mitad del grupo llegaba el sábado antes de comer, así que decidimos ir al mercado de abastos de Algeciras para proveernos con comida para la barbacoa que planeamos para el domingo. Compramos tomates de huerto, unas patatas locales y una carne de retinto para la barbacoa que resultó espectacular.

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Cuando llegó la otra mitad del grupo les recogimos de la estación y pusimos rumbo directo a Tarifa. Comimos en la terraza del Arte y Vida y nos quedamos fritos en la playa.

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Cuando empezó a hacer frío, cogimos el coche hasta Vejer (está a unos 20 minutos de Tarifa). Vejer es uno de los pueblos blancos más bonitos de España, y había un par del grupo que no lo conocía, así que me empeñé en ir. Está en lo alto de una montaña y tiene unas vistas espectaculares…

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Dimos un paseo y cenamos en La Casa del Califa, uno de los hotelitos más bonitos de Vejer. Tienen un patio interior “El Jardín del Califa” al que se accede por un pasillo que llenan de velas. Su carta es marroquí, lo que tiene mucho sentido teniendo en cuenta que los musulmanes ocuparon Vejer desde el 711 hasta el 1264. Cenamos de maravilla.

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El domingo teníamos planeado salir en barco a ver una regata en Sotogrande, pero cuando estábamos ya listos y saliendo del pantalán fallaron los motores de nuestro barco. Con el viento que hacía nos os creáis que fue fácil volver a atracar. Total, que teníamos comida para un regimiento, así que decidimos irnos a la playa del Puerto de Sotogrande.

Si hubiese sabido que el barco se iba a averiar, habría propuesto ir a la playa de Zahara de los atunes y haber comido en El Campero, uno de los mejores sitios para comer atún de la zona. Otro plan es cruzar a Marruecos y hacer compras por allí, salen barcos desde Algeciras cada media hora. Planes hay de sobra…

Por la tarde llegamos pronto y estuvimos descansando en la piscina… la zona de la piscina es amplia, tiene una cocina con barbacoa y comedor abajo y unos vestuarios decorados con motivos morunos, muy útiles.  Los chicos empezaron a preparar la barbacoa e improvisamos una mesa. La carne fue cayendo una detrás de otra… y yo no sé si fue el vino o qué, pero cada trozo estaba más rico. Espectacular la carne de retinto. Nos bebimos 6 botellas entre 8 así que os podéis imaginar lo contentos que íbamos… hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.

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A la mañana siguiente cada uno fue amaneciendo, y organizamos brunch en casa. Huevos fritos, pan, tomate, jamón del rico, fruta, yogures…

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Tras el brunch con pena recogimos nuestras cosas, cogimos por última vez la furgo en la que nos habíamos movido todo el puente, y volvimos a la estación de Algeciras. Viendo las fotos solo puedo pensar en volver.

Ahora que está preparada podéis alquilar esta joyita escondida… Como la acabamos de sacar al mercado sigue estando disponible para este verano . Os dejo el link de Airbnb y la página web -muy básica- que le hice yo misma a la casa (los precios en la web no están actualizados pero así vesis más fotos). Si alguien tiene interés también me puede escribir a mí directamente, que siempre es preferible e igual os podemos hacer precio! Os recuerdo mi mail: amesapuestacorreo@gmail.com.

http://loscedros.org/

https://www.airbnb.es/rooms/12716549?guests=10&check_in=2016-07-04&check_out=2016-07-11

Un abrazo,

Paula

Destino: Burdeos

Nuestro viaje a Burdeos ha resultado ser una sorpresa. No me esperaba una ciudad tan bonita y señorial. Lo suficientemente pequeña como para pasearla sin necesidad de coche, con una oferta gastronómica infinita y una vida nocturna envidiable. Estoy escribiendo este post en el vuelo de vuelta y ya tengo ganas de repetir.

Hemos comido y cenado de cine, descubierto una gente amable y cariñosa, y disfrutado de una marcha que nada tiene que envidiar al de una ciudad grande. Nuestro finde de amigas ha sido redondo, y aquí os dejo esta mini guía para quien quiera repetir. Hay un vuelo directo desde Madrid que tarda 55 minutos, lo que también es un punto a favor.

Nos alojamos en unos apartamentos estupendos, ubicados en un château (Burdeos está lleno) de 3 pisos. Se llamaban Wellkhome Appartements, y están en pleno centro. Espaciosos, con salón grande, cocina completa (y cuando digo completa es con toda la vajilla, copas, sartenes, plancha, cafetera etc.), techos y ventanas altas, y unos baños amplios y bien dotados. 250€ las dos noches cada apartamento, lo que está bastante bien (en cada apartamento caben unas 4 personas).

El viernes llegamos con tiempo para darnos una ducha y salir a cenar. Fuimos a cenar Bouchon Bordelais. Un bistrot francés clásico en el que cenamos DE CINE. Gente local, camareros encantadores y los platos de diez.

Los entrantes destacar el foie y los rollitos de langostinos (los espárragos algo pobres, eran como 3 puntas con una crema debajo).

 

Los segundos nos gustaron todos. Espectacular el pescado (tanto la merluza como el bacalao), y la carne: buenísimo el solomillo macerado en soja, con unas patatas fritas caseras tiernas, casi dulces; y un filetón de buey, con una salsa súper rica cuyos sabores no conseguí sacar. Igual fue por las 3 botellas de vino que nos bajamos entre 5…

Basándonos un poco en lo que nos dijo la camarera elegimos –como no podía ser de otra forma- dos vinos de Burdeos. Mucho mejor el segundo que el primero, claro que también se notó en precio.

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De postre la especialidad de la casa: una tarta de queso y limón con galleta que desde luego se merece su fama. En total 45€ persona, bebiendo y comiendo como si no hubiese un mañana. Por ponerle una pega el servicio fue un pelín lento, aunque nada que nos preocupase mientras tuviésemos la copa de vino llena. Y esa mantequilla. Uf. Si vuelvo a Burdeos repito 100%.

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Tras LA cena nos fuimos a tomar una copa (todo lo hicimos andando), a la Comtesse (25 Rue Parlement Saint-Pierre). Bar pequeñito, con ambiente, en la calle de bares. Gente apetecible, copas bien servidas y buena música, con el volumen que te apetece siendo viernes. También tienen una terraza fuera muy agradable.

Desde allí pusimos rumbo a Le Theatre. Alguien nos dijo que sobre la 1.30 estaría lleno. Pero no. Que nadie se engañe, estos franceses son como nosotros. Hasta las 2.30-3 aquello no se llenó. Musicón. Si reservas botellas tienes opción de que el coche/furgo del garito te recoja de donde estés y luego te lleva a casa también…

El sábado nos levantamos mejor de lo que pensábamos… nos tomamos un café en casa, y nos fuimos a pasear. Jarreaba. Teníamos hambre de resaca, así que decidimos hacer la cola de L´Entrecote (no reservan así que no os molesteis en llamar). Es larga pero mereció la pena cada minuto de espera. Para quien no lo conozca, es un restaurante en el que solo se come ensalada con nueces de primero. De segundo una carne cortada finita, con patatas fritas (una porción perfecta de esas que no cabe en el plato, porque ¿cuándo te ponen suficientes patatas?), y una salsita verde de llorar. Solo tienes que elegir el punto de la carne. Estaba buenísimo. Tenía mis dudas porque no es el mismo que el que yo conocía de París, pero fue perfecto. El vino de la casa más que correcto. Si queréis ir aconsejo que sea pronto. Cierran la puerta del restaurante a las dos y allí ya no entra nadie más.

Para bajar la comida decidimos pasear Burdeos entero. Cogimos un mapa de la ciudad y fuimos de monumento en monumento. Preciosa la catedral y sus calles perfectas para perderse. Vi bastantes anticuarios. Me gustó especialmente una galería (Le Passage St Michel, 14 Place Canteloup) que aglutinaba unos cuantos anticuarios, tenía cosas ideales.

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A las 7 (tras 4 horas caminando) y al lado de la famosa puerta Caihau nos sentamos a tomar un chocolate caliente en Chez Fred (19 Place du Palais). Gente joven y guapa, animado. Tras ello, pequeña parada para una ducha rápida y a cenar.

Había reservado una cata de vinos en Wine Bar, un local pequeño en el centro. Resultó ser un sitio con alma, poco decorado, como se llevan ahora, cuyo dueño es un veneciano al que se le nota que le encanta lo que hace. Claramente no tienen cocina (todo fue frío) pero lo compensan con productos de calidad y buenos vinos.

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Habíamos reservado un menú para cada una, pero lo redujimos a 3 menús para las 5 y cambiamos la cata por dos buenas botellas de Burdeos. Sitio ambientado, picoteo rico, con productos de calidad, un buen vino, pan casero y una animada conversación consiguieron una noche redonda… Además del empeño de su dueño por hacernos sentir cómodas, que igual fue lo mejor que ofreció el sitio. Nos salió unos 32€ por persona.

El domingo desayuno y a pasear. Al lado de los apartamentos, en Place des Quinconces, ponen un mercadillo de antigüedades muy chulo, con muebles, lámparas, vajillas… me compré un trapo antiguo con mis iniciales que me encantó.

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De allí pusimos rumbo al mercado Des Quais, un mercado de comida en el que nos volvimos locas. Ostras, foie, quesos, embutidos, baguettes, vinos, dulces caseros… no sabíamos elegir. Había unas mesas al lado y hacía un día estupendo, así que decidimos hacer un picnic allí sobre la marcha. Un surtido de quesos, foie, brochetas de pollo, calabacín, embutidos y un buen vino de Burdeos (sí, nos hemos puesto las botas). De postre los dulces típicos de allí, una especie de masa con vainilla y ron, muy ricos.

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Ya estamos en Madrid y estaba pensando que voy a tener que cenar caldo toda la semana…

Destino: Piamonte

El Piamonte ha resultado ser justo lo que esperaba: carreteras estrechas rodeadas de colinas con viñedos, vinos de excelente calidad (hasta ahora desconocidos), una cocina lenta y trabajada con una sobremesa sin prisas, historietas detrás de palacetes decadentes… aquí todo va a otra velocidad….una velocidad muy acorde con la que me apetece estando en vacaciones.

Tras una semana intensa de trabajo llegar al Piamonte fue casi idílico. De hecho, tardé más de un día en acostumbrarme al silencio, el olor a tierra mojada y la visión de cerezos en flor en cada esquina.

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Viñedos en otoño

 

En cuanto a la gastronomía, me he llevado un par de sorpresas. No sabía que los platos del Piamonte tenían tanta influencia francesa y también desconocía la ausencia en su cocina de la famosísima pasta. En las cartas de los restaurantes he visto bastante cordero, aves y pescados como el bacalao.

Pero si existe un producto estrella en esta región –que desde luego venía buscando-, sin duda es la trufa blanca, una exclusiva rareza gastronómica cuyo precio puede oscilar entre los 2.500 y los 5.000€ el kg. Su momento es el otoño, pero en esta época también tienen una trufa de primavera llamada “tartuffino” que estaba bastante buena.

Además la zona del Piamonte fue la cuna del chocolate dulce como lo entendemos hoy en día, y donde se inventó el chocolate con avellanas… os podéis imaginar cómo me puse.

Si la introducción os ha convencido, os dejo una mini guía para un fin de semana allí. La idea que tenía de vacaciones era básicamente comer bien, descubrir vinos, dormir sin despertador, pasear por los viñedos, visitar alguna iglesia, investigar y conocer pueblecitos con encanto y comprar mucha trufa blanca para llevarme de vuelta a Madrid.

Transporte

Si vais en avión lo más fácil es volar a Turín (hay vuelo directo desde Madrid). Yo volé a Ginebra porque antes quería visitar a una amiga que vive allí. No os contaré todo lo que supuso llegar desde Ginebra al Piamonte porque tendría para otro post entero pero digamos que cruzar el Mont blanc no es poca cosa.

En Turín lo mejor es alquilar un coche y conducir hasta el pueblecito en el que nos alojemos. Está todo a una hora aproximadamente.

Alojamiento

Estuve investigando bastante los hoteles de la zona, y me gustaron los siguientes:

  • Relais San Maurizio, un Relais Chateaux en Santo Stefano Belbo, a hora y cuarto de Turín. Se sitúa en lo alto de una ladera, rodeado de viñedos. Bastante amplio. Claramente lo están reformando, y hay habitaciones nuevas y otras algo casposas: aseguraros de que os dan una de las que están renovadas porque hay mucha diferencia.

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  • Si en el primero no hay sitio o queréis algo más moderno, hay un pequeño hotel que acaba de abrir, Arborina Relais. A mi me gustó bastante, tiene unas vistas preciosas sobre los viñedos (aunque a diferencia del hotel anterior no está aislado sobre una ladera, sino integrado con otras casas), y unas habitaciones modernas. Si os decidís por este, os recomiendo una de las habitaciones sin jardín: las de arriba tienen mejores vistas.

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También hay mil alojamientos rurales más económicos, como Cascina Arcangelo Raffaele, por la zona también.

Gastronomía y planes

Viernes

Dependiendo de la hora a la que lleguemos podemos descansar en el SPA del hotel y relajarnos para la cena o bien ir a tomar el aperitivo a algún pueblecito de la zona. Yo me acerqué al Barolo (cuna del famoso vino que le da nombre) a tomar un aperitivo.

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Tras un par de copitas de vino pusimos rumbo a Guido Ristorante, a 10 minutos en coche, con una estrella Michelín. El sitio era impresionante, un antiguo palacete que el rey Victor Manuel II dejó a su amante y su hijo ilegítimo. El restaurante está un poco escondido, al fondo de una especie de complejo, pasando el hotel. El palacete tiene tres pisos, la planta baja donde está la cocina a la vista, y la planta primera donde están los salones, con techos altísimos y alguno de ellos con frescos originales.

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Excelente servicio, platos de cocina tradicional piamontesa, ingredientes de calidad y una carta de vinos envidiable. Pedimos un vino de su propia bodega, un reserva del 2004, que estaba realmente bueno.

De cena un huevo con una cama de patata con trufa, espárragos y brócoli crujiente. De segundo Tagliatelle fresco con setas -espectacular- y un bacalao con leche y patata súper delicado, muy bueno. De postre una tarta de miel que se parecía bastante a un crumble, quizá fue lo peor de la cena.

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Pagamos 70€ por persona (vino incluido). Evidentemente no es barato, pero me pareció que tenía muy buena calidad precio teniendo en cuenta el entorno, el servicio, el vino y lo que comimos.

Sábado

Desayuno al lado de los viñedos y rumbo a pasear por los pueblos. Empezamos paseando por Alba, tiene muchas iglesias bonitas que merecen la pena, y calles medievales por las que perderse. Aprovecharía para comprar trufa (la época es en otoño pero en primavera tienen otra variedad que no está nada mal). También puedes comprar salsas envasadas al vacío. Yo me traje de vuelta 3 salsas y 3 trufas blancas, que estaban buenísimas en una tienda llamada ratti elio en la calle principal. La trufa fresca me han dicho que aguanta unos 15 días en la nevera.

Para comer hay varias opciones (importante tener en cuenta que aquí se come como tarde a la una):

  • Si queremos tirar por todo lo alto, en la plaza del centro de Alba está Piazza Duomo, con 3 estrellas Michelín.
  • Si tenemos un presupuesto algo más ajustado, La Piola está fenomenal. Con un precio medio de 25€, el local es muy agradable, con sus contraventanas verde agua y una terraza con vistas a la Catedral de Alba.
  • Otra opción es ir a comer a Priocca, a 15 minutos de Alba, al restaurante Il Centro. No he estado, pero unos amigos míos que van todos los años a Alba nos comentaron que está genial.

Tras la comida pondría rumbo desde Alba a Neive, por una pequeña carretera de campo con preciosas vistas entre las laderas, no vayáis por la autovía (adjunto mapa), unos 20 minutos.

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Neive es un pequeño pueblo de piedra repleto de palacetes decadentes y vistas a viñedos, perfecto para pasear. En Neive uno de los condes de la zona desarrolló la uva que dio lugar al Barbaresco, un variante del famosísimo Barolo, y que estuvimos bebiendo durante todo el finde.

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De Neive volvería a coger el coche hasta Asti (unos 20 minutos por la autovía). Asti me pareció mucho más monumental, con calles anchas y plazas llenas de palacetes y casas señoriales. Asti fue el origen del movimiento para la reunificación Italiana en el siglo XIX, y se nota en cada rincón.

Aprovecharía Asti para merendar un gelato artesanal… yo me zampé uno de chocolate en la calle Collegiata di S. Secondo que tenía un premio nacional al sabor del año. No digo más.

Tras visitar estos pueblecitos/ciudades pusimos rumbo de vuelta al hotel, lo cual fue bastante bonito. Hacía unos 16 grados y caía en sol entre los viñedos.

Para cenar fuimos a otro restaurante con estrella Michelín, que me gustó per menos que el del día anterior, algo casposa la decoración y un menú mal planteado desde mi punto de vista. Se llama Massimo Camia, y es el restaurante de la bodega Damiliano.

Pedimos un reserva de su bodega que estaba francamente espectacular. Para comer el menú degustación, para mi gusto demasiado pesado. Consistía en un huevo escalfado rebozado con carne y frito; pichón troceado con huevo y canónigos con piñones y queso; ravioli de conejo y salsa de pimiento rojo; y un solomillo con rebozado de hierbas provenzales y espárragos con parmesano y castaña. La verdad es que los platos bastante buenos aunque me parecieron algo pesados.

De postre una tartaleta de limón, bastante rica, con una base de sable crujiente, y una especie de lingote de su conocido chocolate con avellana, que no me gustó. Lo sirvieron congelado y no me pareció que estuviese a la altura.

Pagamos unos 100€ por persona, con un vino excepcional y el menú degustación que estaba entorno a los 70€. Creo que si hubiésemos pedido a la carta habría sido más económico y sobretodo menos pesada la cena.

Domingo

Yo el domingo no tuve mucho tiempo porque tenía que volver en coche a Ginebra, pero me hubiese gustado aprovechar el día para hacer una ruta en bici o visitar una bodega. Había muchas rutas por la zona salir a montar en bici, y creo que los hoteles te las prestaban. Comer en alguna bodega con una cata de Barolos también me hubiese encantado, y también te lo organizan allí sobre la marcha, como esta que recomendaba Traveller.

En definitiva, un viaje para disfrutar de unos vinos excepcionales, la trufa blanca, el descanso y silencio de los campos de viñedos y una gastronomía de calidad. Para mi gusto la mejor época es otoño, cuando los viñedos están rebosantes y la trufa y los hongos en su mejor momento.

Destino: Marrakech

El año pasado tuve la suerte de pasar fin de año en Marrakech con mi familia. Con lo que me gusta planear a mí un viaje, idee un recorrido que nos permitiese conocer todos los rincones posibles de la ciudad, así que aquí os dejo el que sería mi plan perfecto para una escapada de fin de semana.

El año pasado tuve la suerte de pasar fin de año en Marrakech con mi familia. Con lo que me gusta planear a mí un viaje, idee un recorrido que nos permitiese conocer todos los rincones posibles de la ciudad, así que aquí os dejo el que sería mi plan perfecto para una escapada de fin de semana.

 Viernes

Llegada por la tarde y paseo por la plaza Djemma El Fna. Es un punto de encuentro precioso, centro de reunión y ocio de los habitantes y sus mercaderes. Es especialmente bonito cuando empieza a anochecer y la plaza se llena de luces, sonidos y puestecitos.

Cena en La Sultana. Nos costó encontrar el Hotel en el que se ubica esta preciosa terraza, pero desde luego mereció la pena. La comida estaba buenísima y el entorno parecía sacado de las mil y una noches. También es una muy buena opción para hospedarse, si entra dentro de nuestro presupuesto.

http://www.lasultanahotels.com/fre/marrakech, Dirección: Rue de La Kasbah, Marrakesh 40000, Marruecos, Teléfono:+212 5243-88008.

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Se puede cenar abajo junto a la piscina (en mi caso fue así), o arriba en la azotea. Las dos opciones son perfectas:

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La entrada al hotel:

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Otra alternativa para cenar es el restaurante Le Tobsil, con comida tradicional rica y muy acogedor. (Dirección: Derb Abdellah Ben Hessein, R’Mila Bab Ksour, Medina, Marrakech 40000, Marruecos. Teléfono:+212 5244-44052, fotografía de Condé Nast)

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Sábado

Tras desayunar, me perdería por la medina, declarada patrimonio de la UNESCO desde 1985. Pasearía por sus calles estrechas, negociaría alguna que otra compra, y después de comer en la Terraza Les Épices (www.terrassedesepices.com), acabaría con un tratamiento completo en Le Bain Bleu –no querréis salir de allí- Yo fui con mis hermanas a estos baños-hamman, en un callejón en mitad de la medina, y nos dejamos tratar con jabones, exfoliantes y baños calientes, que culminaron con un masaje con aceite de rosas y un té con dulces marroquís en una sala llena de plantas y flores.

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Dirección: 2 Derb Sedra, Bab Agnaou | Kasbah, Marrakech, Marruecos. Número de teléfono: 212 24 38 14 28. www.lebainbleu.com

Tras esta relajante tarde, pondría rumbo antes del atardecer al campamento Scarabeo Camp. Scarabeo Camp es un conjunto de tiendas de tela ubicadas en medio del desierto, a unos 40 minutos de Marrakech, con una espectacular vista de las montañas, en las que el mejor plan es tomarse un vino rosado mientras se observa la caída del sol.

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No hay más ruido que el del viento moviendo las telas de las tiendas y el de algún pastor que pasa por allí con sus ovejas. La única iluminación es la de las velas -colocadas por todas partes-, y la ducha no es más un cubo de plata con agua caliente que preparan al anochecer, para rociarte con un plato, al estilo bereber. Encienden algunos fuegos y te montan una tienda con una mesa preciosa y comida local.

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La mesa por la noche la ponen tal cual sale en la foto, con candelabros de plata y algún centro bonito. Me encanta cocinar comida marroquí, pero había un surtido de verduras con diferentes especias que no conocía y me gustó mucho, además de la clásica pastela, cuscús o tajine, que comimos a diario.

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(http://www.scarabeocamp.com/).

Domingo

Tras desayunar en el campamento, volvería a Marrakech para hacer algo de turismo y terminar la maleta. Una buena opción sería visitar la Mezquita y La Madrasa de Ben Youssef, escuela coránica construida en el siglo XIV, que llegó a contar con hasta 900 alumnos. Fue destruida y posteriormente reconstruida por los saadíes. Es un ejemplo de arquitectura marroquí, con mosaicos y paredes revestidas de delicados labrados y techos de madera. Su visita no lleva demasiado tiempo, ya que normalmente consta de una vuelta por el patio de abluciones con una alberca central, una sala de rezos y algunas celdas de los alumnos.

Dónde hospedarse

La Mamounia

Mis padres ya iban cuando yo era pequeña. Recuerdo un menú enmarcado en una de las estanterías de casa. Es un clásico que ha sido restaurado recientemente, y que representa el lujo por antonomasia.

http://www.mamounia.com/es/marrakech.htm

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Riad Abracadabra

Uno de los riads con más encanto de Marrakech. Está a tan solo 150 metros de la famosa plaza Jamaa el Fna y cuenta con ocho habitaciones. Está regentado por unos amigos españoles, tiene una relación calidad precio estupenda y un restaurante excelente.

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Requena , Valencia 17 09 2009 VLC Enologia , Para Suplemento CINCO BARRICAS . Bodegas con vinyedos . EN LA IMAGEN : © 2009/photo : Vicent Bosch

Airbnb

Si vuestro grupo es grande, no descartaría alquilar una casa con Airbnb, como hicimos nosotros. Los precios son imbatibles y tuvimos muy buena experiencia, tanto con la casa como con los dueños:

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Espero que os haya gustado!

Un abrazo,

Paula