Destino: Burdeos

Nuestro viaje a Burdeos ha resultado ser una sorpresa. No me esperaba una ciudad tan bonita y señorial. Lo suficientemente pequeña como para pasearla sin necesidad de coche, con una oferta gastronómica infinita y una vida nocturna envidiable. Estoy escribiendo este post en el vuelo de vuelta y ya tengo ganas de repetir.

Hemos comido y cenado de cine, descubierto una gente amable y cariñosa, y disfrutado de una marcha que nada tiene que envidiar al de una ciudad grande. Nuestro finde de amigas ha sido redondo, y aquí os dejo esta mini guía para quien quiera repetir. Hay un vuelo directo desde Madrid que tarda 55 minutos, lo que también es un punto a favor.

Nos alojamos en unos apartamentos estupendos, ubicados en un château (Burdeos está lleno) de 3 pisos. Se llamaban Wellkhome Appartements, y están en pleno centro. Espaciosos, con salón grande, cocina completa (y cuando digo completa es con toda la vajilla, copas, sartenes, plancha, cafetera etc.), techos y ventanas altas, y unos baños amplios y bien dotados. 250€ las dos noches cada apartamento, lo que está bastante bien (en cada apartamento caben unas 4 personas).

El viernes llegamos con tiempo para darnos una ducha y salir a cenar. Fuimos a cenar Bouchon Bordelais. Un bistrot francés clásico en el que cenamos DE CINE. Gente local, camareros encantadores y los platos de diez.

Los entrantes destacar el foie y los rollitos de langostinos (los espárragos algo pobres, eran como 3 puntas con una crema debajo).

 

Los segundos nos gustaron todos. Espectacular el pescado (tanto la merluza como el bacalao), y la carne: buenísimo el solomillo macerado en soja, con unas patatas fritas caseras tiernas, casi dulces; y un filetón de buey, con una salsa súper rica cuyos sabores no conseguí sacar. Igual fue por las 3 botellas de vino que nos bajamos entre 5…

Basándonos un poco en lo que nos dijo la camarera elegimos –como no podía ser de otra forma- dos vinos de Burdeos. Mucho mejor el segundo que el primero, claro que también se notó en precio.

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De postre la especialidad de la casa: una tarta de queso y limón con galleta que desde luego se merece su fama. En total 45€ persona, bebiendo y comiendo como si no hubiese un mañana. Por ponerle una pega el servicio fue un pelín lento, aunque nada que nos preocupase mientras tuviésemos la copa de vino llena. Y esa mantequilla. Uf. Si vuelvo a Burdeos repito 100%.

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Tras LA cena nos fuimos a tomar una copa (todo lo hicimos andando), a la Comtesse (25 Rue Parlement Saint-Pierre). Bar pequeñito, con ambiente, en la calle de bares. Gente apetecible, copas bien servidas y buena música, con el volumen que te apetece siendo viernes. También tienen una terraza fuera muy agradable.

Desde allí pusimos rumbo a Le Theatre. Alguien nos dijo que sobre la 1.30 estaría lleno. Pero no. Que nadie se engañe, estos franceses son como nosotros. Hasta las 2.30-3 aquello no se llenó. Musicón. Si reservas botellas tienes opción de que el coche/furgo del garito te recoja de donde estés y luego te lleva a casa también…

El sábado nos levantamos mejor de lo que pensábamos… nos tomamos un café en casa, y nos fuimos a pasear. Jarreaba. Teníamos hambre de resaca, así que decidimos hacer la cola de L´Entrecote (no reservan así que no os molesteis en llamar). Es larga pero mereció la pena cada minuto de espera. Para quien no lo conozca, es un restaurante en el que solo se come ensalada con nueces de primero. De segundo una carne cortada finita, con patatas fritas (una porción perfecta de esas que no cabe en el plato, porque ¿cuándo te ponen suficientes patatas?), y una salsita verde de llorar. Solo tienes que elegir el punto de la carne. Estaba buenísimo. Tenía mis dudas porque no es el mismo que el que yo conocía de París, pero fue perfecto. El vino de la casa más que correcto. Si queréis ir aconsejo que sea pronto. Cierran la puerta del restaurante a las dos y allí ya no entra nadie más.

Para bajar la comida decidimos pasear Burdeos entero. Cogimos un mapa de la ciudad y fuimos de monumento en monumento. Preciosa la catedral y sus calles perfectas para perderse. Vi bastantes anticuarios. Me gustó especialmente una galería (Le Passage St Michel, 14 Place Canteloup) que aglutinaba unos cuantos anticuarios, tenía cosas ideales.

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A las 7 (tras 4 horas caminando) y al lado de la famosa puerta Caihau nos sentamos a tomar un chocolate caliente en Chez Fred (19 Place du Palais). Gente joven y guapa, animado. Tras ello, pequeña parada para una ducha rápida y a cenar.

Había reservado una cata de vinos en Wine Bar, un local pequeño en el centro. Resultó ser un sitio con alma, poco decorado, como se llevan ahora, cuyo dueño es un veneciano al que se le nota que le encanta lo que hace. Claramente no tienen cocina (todo fue frío) pero lo compensan con productos de calidad y buenos vinos.

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Habíamos reservado un menú para cada una, pero lo redujimos a 3 menús para las 5 y cambiamos la cata por dos buenas botellas de Burdeos. Sitio ambientado, picoteo rico, con productos de calidad, un buen vino, pan casero y una animada conversación consiguieron una noche redonda… Además del empeño de su dueño por hacernos sentir cómodas, que igual fue lo mejor que ofreció el sitio. Nos salió unos 32€ por persona.

El domingo desayuno y a pasear. Al lado de los apartamentos, en Place des Quinconces, ponen un mercadillo de antigüedades muy chulo, con muebles, lámparas, vajillas… me compré un trapo antiguo con mis iniciales que me encantó.

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De allí pusimos rumbo al mercado Des Quais, un mercado de comida en el que nos volvimos locas. Ostras, foie, quesos, embutidos, baguettes, vinos, dulces caseros… no sabíamos elegir. Había unas mesas al lado y hacía un día estupendo, así que decidimos hacer un picnic allí sobre la marcha. Un surtido de quesos, foie, brochetas de pollo, calabacín, embutidos y un buen vino de Burdeos (sí, nos hemos puesto las botas). De postre los dulces típicos de allí, una especie de masa con vainilla y ron, muy ricos.

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Ya estamos en Madrid y estaba pensando que voy a tener que cenar caldo toda la semana…