Tarta de chocolate fácil

Hoy os traigo una receta muy fácil de tarta de chocolate, que consiste básicamente mezclarlo todo en un bowl y al horno. Está buenísima, es una tarta húmeda con un toque a café y chocolate, densita pero fina a la vez… Las hojas también son fáciles, ya veréis.

También os contaré mis pequeños fallos (a veces pienso que soy demasiado sincera… pero de eso va el blog: cocina para gente que no suele hacerlo). Así me aseguro también de que a vosotros no os ocurre lo mismo.

Es la tercera receta seguida que subo, pero quería redactar del tirón las tres recetas del menú de cordero que preparé la semana pasada. El próximo post será un restaurante muy apetecible que subiré el domingo… Pero bueno, vamos al lío:

 Ingredientes

 Para el “bizcocho”

  • 5 huevos
  • 200 gramos chocolate Nestlé postres (el de siempre)
  • 200 gramos de mantequilla
  • 150 gramos de azúcar
  • Una cucharada de harina de repostería
  • Una tacita de café (yo hice uno solo de nespresso)

Para la cobertura (opcional)

  • 150 ml de nata líquida
  • 300 gramos chocolate Nestlé postres

Para las hojas de chocolate (opcional)

  • 200 gramos chocolate Nestlé postres
  • Hojas reales del jardín, o de flores que tengas por casa. Las mías son de hortensia.

 

Ejecución

El “bizcocho”:

  • Precalentamos el horno.
  • Derretimos el chocolate con la mantequilla en el micro, con cuidado de que no se queme. Yo creo que lo puse dos minutos y luego lo removí bien, y el chocolate se funde.
  • En el mismo bowl donde lo hemos derretimos echamos el resto de los ingredientes: los 5 huevos, el azúcar, la harina y la taza de café.

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La taza de café

La mezcla es bastante líquida, y la textura tras el horno no es la de un bizcocho, sino una especie de mousse.

Mi error fue ponerlo en un molde desmoldable, y se me salió parte de la mezcla durante la cocción (aunque como veis en la foto conseguí salvarla y nadie se dio cuenta :).

Por eso debemos poner la mezcla en alguna fuente redonda que tengamos que sea apta para el horno. Lo metemos a 180 grados 25 minutos.

La tarta está rica tal cual, como densita y con un regusto a café estupendo. Pero si tenemos alguna ocasión más especial podemos añadir la cobertura y las hojas que os comento a continuación.

 Las hojas.

  • Derretimos el chocolate en el micro con cuidado de que no se queme. Una vez derretido pintamos las hojas (que habremos lavado y secado)con un pincel  por la parte de atrás (donde está más marcado el nervio de la hoja). Si no tenéis pincel yo en algún viaje he llegado a hacerlo con una cucharilla de café…
  • Metemos en la nevera para que se endurezcan y una vez duras volvemos a pintar. Y a la nevera de vuelta.
  • Una vez duras (después de la segunda capa) levantamos las hojas del chocolate tal cual sale en la foto. Yo aconsejo no quitarlas hasta el momento en que lo vayamos a servir, porque a veces el chocolate cambia de color y no es tan estético. E intentar manipularlas lo menos posible (no deja de ser chocolate y se derrite un poco con el calor de las manos).

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La clave de las hojas (sobre todo las que tienen las venas tan marcadas como en las de la foto) es que la capa de chocolate sea gordita para que no se rompa, así que pintad sin miedo.

Mientras las hojas están en la nevera y el bizcocho en el horno, hacemos el ganache, que es la cobertura que lleva el bizcocho por encima. Para ello metemos la nata en el micro hasta que llegue a ebullición, lo vertemos sobre el chocolate, y removemos hasta que se haya derretido e integrado todo.

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Montaje: sacamos la tarta del horno, y una vez fría, vertemos el ganache por encima. Metemos en la nevera para que cuaje todo un poquito y a la hora de servir “desmoldamos” nuestras hojas” y ponemos encima.

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Además de fotogénica, está buenísima. ¡Animaros a probarla!

Nace Balbisiana

Hoy miro atrás y me doy cuenta de lo poco me que me gustaba mi vida antes. Aparentemente era completa: una familia que me quería y un trabajo en uno de los mejores despachos de España. Tenía la sensación de que la vida pasaba deprisa, con muchísimo estrés, comidas y cenas delante del ordenador, esperando a que llegase el fin de semana. Para tener que trabajar también en alguna ocasión.

Eso cambió el pasado mes de marzo, y es parte del motivo por el que dejé de escribir aquí. Nació Balbisiana y descubrí lo que es hacer una cosa con pasión. Crear algo tuyo. Verlo nacer desde cero. Descubrí lo que es quedarte sin un sueldo a final de mes. Lo que implica la verdadera atención al cliente. La disponibilidad. El trabajo de verdad. A diferencia de mi vida anterior, ahora no acepto un no. Lo intento absolutamente todo hasta el final, cueste lo que cueste. A mis 33 años tengo una energía que no sabía que existía. Nada me cuesta porque todo lo deseo como no había deseado nada antes. Este post tiene un doble mensaje: que conozcáis mi nuevo proyecto y que os animéis a perseguir lo que os gusta, aunque suene a topicazo.

Balbisiana es una empresa de repostería que fabrica tartas para empresas y particulares. Nació un frío día de diciembre en la finca de unos amigos. Ya sabéis que me encanta cocinar. Pues ese día me encargué de hacer el postre para un grupo de gente, entre los que estaban algunos socios del Grupo Larrumba. Probaron el banoffee y les encantó. Me pidieron si podía suministrarles tartas. Yo (que por aquel entonces era abogada 18h al día y vivía pegada al ordenador) no lo dudé. No tenía obrador. Tampoco tenía formación y nunca había hecho tartas para hostelería. En definitiva, no tenía ni p*** idea de nada. Pero al día siguiente me puse a buscar obradores como loca para poder servirles las tartas. Y conocí al presidente de Comess Group, que también probó mis tartas. Lizarrán (con el que ya no trabajo) permitió que me adentrase en el mundo de la fabricación artesanal de tartas en cadena. Después de eso vinieron otras cadenas con franquicias por toda España. Muchas veces les vendía de palabra cosas que aún no había hecho, porque no tenía un catálogo, ni experiencia de ningún tipo.

Tuvieron mucha paciencia conmigo. Yo me levantaba a las 5 de la mañana, cogía el coche de mi amiga, y ponía rumbo al obrador. Todavía recuerdo el frío que hacía, y la sensación de malestar en el estómago. Esa que tienes cuando te levantas de madrugada, con el cuerpo cortado después de haber dormido poco. En el obrador le enseñaba a mi equipo lo que quería hacer y cómo quería hacerlo. No es fácil que una tarta salga siempre igual. Tampoco fue fácil cambiarles su forma de trabajar. Explicarles que yo no quería aromas ni colorantes, que quería que fuese todo natural. Que me gustaban las tartas imperfectas porque eso significaba que las había hecho una persona. Después terminar las pruebas del día ponía rumbo a Madrid. Las cadenas con las que trabajaba -sabiendo que era abogada en Cuatrecasas- me ponían las reuniones a las 8.30-9 para que pudiese compaginarlo. Nunca podré agradecer lo suficiente la confianza que tuvieron en mí. Tras la reunión de turno entraba a trabajar en el despacho. Normalmente eran 12 horas, pero perfectamente podían ser 14 o 15. El trabajo en el despacho era muy exigente, y yo también quería que el cliente tuviese el mejor servicio legal posible, al nivel obviamente del despacho en el que estaba.

Llegaba a casa agotada. Algunos días probaba nuevas recetas en mi pequeña cocina, para no entorpecer el trabajo del obrador y llevar la receta exacta. Solía acostarme entre las 12 y la una de la mañana, para volver a empezar al día siguiente. Como os podéis imaginar, fueron meses difíciles. Engordé 6 kilos (que aún hoy estoy perdiendo), veía poco a mis amigas y al no tener formación me desesperaba cuando las cosas no salían bien.

Y llegó marzo. Y con él desavenencias con mi futuro en el despacho. La simbiosis perfecta para dar el salto. Dejé el despacho con pena. Eran 9 años y medio dedicados al derecho. Y haciéndolo bastante bien. En la foto con cara de cansada a más no poder. El juicio más complicado de mi carrera -que además era en Asturias- lo hice un día antes de irme. Ganamos 😉

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Recuerdo que cuando salí los primeros días me asombraba ver las tiendas de mi calle abiertas, algunas de las cuales no sabía ni que existían. Hoy en día me sigue sorprendiendo la luz que mi casa tiene a horas determinadas, que tras años viviendo aquí nunca había visto.

Así fue como un día soleado -unos 4 días después de dejar el despacho- iba andando por la calle y lloré de felicidad.

Y es que soy tan feliz y me gusta tanto lo que hago que no quiero dejar de animar a emprender a todo aquel que quiera leerme. Se nota tanto cuando alguien es un enamorado de su trabajo. Hace que los demás quieran ser parte de ello. Me desvivo por mis clientes. Desde marzo no existe el tiempo libre, porque se confunde con lo que hoy en día se supone que es trabajo. Estoy disponible las 24h porque tengo tantas ganas de que esto salga que lo hago feliz. Empezar algo es difícil. Tienes que renunciar a muchas cosas. Dormir, tener vida social o dejar de hacer otras cosas que te gustan. Pero son elecciones. Y esas elecciones dependen de ti.

Volviendo a las tartas, vendemos online en www.balbisiana.com. De momento solo en Madrid, pero en octubre estarán disponible en toda España si salen bien las pruebas de envío que estamos haciendo. También os dejo la cuenta de Instagram por si os animáis.

Las tartas están de muerte. Y no es porque las haga yo. De verdad que están muy buenas. Estoy deseando que las probéis. Os dejo fotos abajo para que activéis el modo goloso. Ojo que también hacemos postres sin azúcar ni grasa. Y la semana que viene sacamos el catálogo para catering e incorporamos nuevas tartas veganas aptas para los intolerantes a la lactosa. Y si todo sale bien, también habrá tartas sin gluten.

En fin, no sé cuántas tartas venderé, ni qué futuro tiene Balbisiana. Pero sí sé que aquí y ahora me siento una de las mujeres más afortunadas del planeta. ¡Gracias a todos los que formáis parte de ello!

No sé cuántas tartas venderé, ni qué futuro tiene Balbisiana. Pero sí sé que aquí y ahora me siento una de las mujeres más afortunadas del planeta. ¡Gracias a todos los que formáis parte de ello!

 

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El día de esta sesión de fotos me caí de la moto en la que llevaba (plegadas) unas 20 cajas de tartas para la sesión y había dormido 3 horas. Mi tobillo sangriento no se ve. En los 10 minutos que nos quedaban el fotógrafo Asís G. Ayerbe (que recomiendo muchísimo) hizo que saliese así de bien.

 

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PD: prometo retomar el blog y subir nuevas recetas y restaurantes. Que el último post es de abril. Soy un desastre, qué le vamos a hacer. Pero vengo con energía.

Pasta gratinada

Chérie, je vais te montrer la recette, mais il est important de savoir que ce n’est pas les pâtes à la carbonara. C’est un gratin des pâtes avec de la crème. Afirmación hecha. La pasta que os traigo hoy es una receta de pasta gratinada à la crême, pero en no carbonara (que dejo para otro post).

Os he hablado varias veces de Patrick, el marido de mi madre, en el otro post sobre pasta que escribí y en uno en el que hablaba sobre carne y vino. Vivió 5 años en Italia, trabajando mano a mano con Berlusconi, y la pasta le sale de cine… A Patrick le encanta cocinar y a mí aprender todo lo que hace, así que cuando se mete en los fogones me pongo a su lado y tomo nota de todo para contároslo.

Ayer celebramos el cumpleaños sorpresa de mi cuñado, que se mudó a Sotogrande con mi hermana hace unos años. En mi casa nos encanta organizar eventos, así que hicimos una buena compra, una gran tarta de cumpleaños y monté una bonita mesa. Nick no tenía ni idea… y le encantó.

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Mi madre siempre dice que nuestras cenas son como la Torre de Babel, porque cada uno habla en su idioma, y -aunque alguno tira de Google Translate-, lo mejor de la noche suele ser intentar traducir los chistes de mi tío (que tiene mucho acento andaluz y una gracia innata) al inglés o francés.

El menú era sencillo pero delicioso. Una ensalada verde con un buen aliño y pasta gratinada con nata. Más un gran aperitivo a base de jamón, lomo y tortilla de patatas con berenjena y pimiento.

Para hacer la pasta necesitas (para 10 personas con hambre):

–          Dos paquetes de pasta (las mías eran caracolas enormes de Rummo).

–          Un litro de nata ligera

–          Panceta de carnicería

–          Un paquete de jamón york ferrarini

–          Dos paquetitos de jamón en tacos

–          2 paquetes de queso rallado para gratinar

–          Un poco de mantequilla

–          Pimienta

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Preparación:

–          Cocinamos la pasta muy al dente (luego se termina de cocinar en el horno)

–          En una sartén sin aceite ponemos la panceta cortada pequeñita y más tarde el jamón york y el serrano que tardan menos, y reservamos.

–          En una fuente para horno ponemos unos dados de mantequilla y forramos las paredes un poco con ella.

–          Añadimos canela molida en el fondo y a continuación un poco de nata.

–          Ponemos una primera capa de pasta, una capita de la carne rehogada, y una de queso. Añadimos un buen chorreón de nata (luego la pasta la absorbe). Es mejor pasarnos que quedarnos cortos, porque se puede quedar seca.

–          Ponemos otra capa de pasta, y añadimos la panceta sobrante, más nata y mucho queso.

–          Molemos pimienta negra encima, sin miedo. Y unos trozos de mantequilla.

–          Metemos en el horno a 120 grados una media hora, hasta que se gratine el queso y se haya absorbido un poco la nata.

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Hay dos sesiones de fotos, porque sobró y la volvimos a hacer al día siguiente (¡festival calórico!)

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De postre hice una tarta banoffee, que salió rica rica… Acompañamos la cena con un Burdeos de Saint Emilion y un Borgoña excepcional.

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Siempre digo que es muy fácil hacer cosas ricas que tengan muchas calorías, y que lo difícil es precisamente lo contrario (y lo que yo suelo buscar), pero un día es un día. Ya que el plato tiene dos millones de calorías, lo importante que esté rico, como en este caso. Yo hoy he añadido a mi carrera mañanera habitual media hora andando y una clase de spinning… para compensar los (¡TRES!) platos de pasta que me he zampado. Y un trozo de tortilla. Y lomo con picos. Y un trozo de bannofee y… no tengo remedio….

FUEGO

Fuego es el segundo restaurante de Erika Feldmann e Ignacio González-Habaque tienen un proyecto bastante ambicioso: representar en el terreno gastronómico los cuatro elementos. Ya abrieron aire (una rotisserie con aves criadas en libertad), ahora Fuego, y los próximos serán el agua y la tierra. Suena bien ¿no?

Fuego es un sitio en el que nada más entrar huele a leña. Un olor cálido que transforma el espacio de manera casi inmediata en un lugar acogedor. Es un sitio pequeño y elegante. Las velas, junto con una mantelería impecable, hacen que quieras sentarte a cenar. Nos tocó una mesa al lado de la cocina, abierta con una cristalera, para que se pueda ver el proceso entero, y todo ello sin que oliese a comida. Un buen comienzo.

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La carta es corta, me gustó. El protagonista indiscutible de Fuego sin duda son las brasas, en horno de leña y la parrilla, aplicadas a un producto indiscutiblemente bueno.

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De primero pedimos unas alcachofas cocinadas en ascuas de encina, culminadas con una fina loncha de panceta ibérica. Deliciosas, con un sutil toque de humo y brasa. Me las comí sin hacerles foto (claramente tenía hambre jaja).

Un paté de campaña en terrina con foie de pato. La carta anunciaba que era una receta de la edad media, y desde luego que lo era. En mi opinión demasiado fuerte de sabor y algo basto, difícil de comer. No lo volvería a pedir, aunque el resto de los platos compensaron.

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De segundo roast beef macerado con whisky de malta al horno de leña, muy rico. Las cebollitas le aportaban un toque dulzón que equilibraba el plato.

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Quizá el plato que más me gustó fue la lubina salvaje al horno de leña. Con puerro y una crema-puré deliciosa, que no llegué a adivinar lo que era. Ligero y con un toque de brasa que me encanta en el pescado.

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De postre una tarta fina de chocolate bastante correcta. Se anunciaban varias texturas en la carta, pero lo cierto es que solo noté dos. Aun así, sabor intenso a chocolate de calidad, muy rica.

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En definitiva, productos de calidad, cocinados como en la edad media sobre brasas u horno de leña, en un local acogedor y un servicio atento y profesional. Muy recomendable.

Dirección: Hermanos Bécquer, 5, Madrid

Teléfono: 910515811

Precio medio: 50€ con vino y postre

PD: siento haber tardado tanto en escribir. Sois muchos los que me habéis escrito, ¡gracias por preocuparos! Para los que no lo sepáis (o no sigáis mi cuenta de Instagram) he dejado el despacho para emprender un proyecto, que además tiene mucho que ver con la restauración. ¡Espero poder contároslo muy pronto!

Un abrazo fuerte,

Paula

 

Langostinos al coco

No soy de fritos, pero estos langostinos me encantaron y los pongo mucho de aperitivo cuando doy alguna cena. Los sirvo en una cestita en la que pongo un papel absorbente.

Son distintos y suelen gustar mucho… además de ser FACILÍSIMOS! Vamos allá.

Ingredientes para 4 personas

  • 12-16 langostinos
  • 150gr harina para tempura
  • sal
  • 200gr agua (yo lo hago un poco a ojo)
  • 1 taza coco rallado
  • aceite de girasol
  • Salsa de chile dulce (a la venta en chinos o tiendas de productos asiáticos de la calle leganitos)

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Preparación

Pelamos los langostinos salvo la cola. Si queremos ser perfeccionistas hacemos un corte superficial por la parte del lomo y le quitamos el intestino para que no queden arenosos. Yo lo hago según del humor que tenga ese día. Les ponemos un poco de sal a los langostinos.

Preparamos la pasta en la que vamos a rebozar los langostinos. Yo suelo poner la harina y voy añadiendo agua fría hasta que consigo la textura de la foto, sin grumos y ligeramente espesa.

Ponemos el aceite a calentar y pasamos los langostinos por la pasta de harina, luego por el coco y a la sartén hasta que estén dorados, cuidando de darles la vuelta. Pasamos por papel absorbente y a darles un bocao!

 

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Chuka Ramen Bar

Chuka Ramen Bar me gusta por muchos motivos: La comida, llena de sabores, mezcla entre china y japonesa; El ambiente, canalla y desenfadado; El local, escondido en el barrio de las letras; y la pasión que todo el equipo pone en lo que hace, cualidad que valoro, y mucho.

Tengo que admitir que la compañía aquella noche fue excepcional, lo que hizo que la cena fuese redonda. Éramos 3 y nos reímos tanto que acabé con hipo. El cocinero –amigo de uno de mis acompañantes- nos puso lo que le pareció, algo que a mí me encanta. Muchas de las cosas estaban fuera de carta, pero he vuelto varias veces y siempre me ha gustado todo.

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Probamos unas cuantas cosas (algunas de las fotos son de su web):

Gyoza de butifarra y cebollino, buenísima

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Falso niguiri de presa ibérica, sublime

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Bao de pastrami

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Y su famoso ramen, en nuestro caso seco, muy rico, junto con el falso niguiri fue lo que más me gustó:

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De postre tarta de zanahoria con curry, igual lo más flojo de la cena:

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En definitiva, comida callejera asiática con toque japonés en un local pequeñito y molón que se ha convertido en uno de mis habituales.

A pesar de llevar ya un tiempo abierto tiene mucho éxito (lo que no es nada de extrañar, merecido está), así que te recomiendo reservar con tiempo!

Dirección: Calle Echegaray, 9, 28014 Madrid

Buns&Bones: un street food perfecto para la cuesta de enero

 

No sé vosotros, pero yo después de unas navidades largas llenas de cenas, viajes, regalos y eventos me he quedado bastante tiesa, así que tocaba privarse un poco de algunas cosas. Como comer no puede ser una de ellas -me gusta demasiado- estuve buscando sitios ricos que estuviesen bien de precio. Y di con Buns&Bones. Hace ya un tiempo que existe, pero nunca había sacado un hueco para ir.

El concepto mola. Cerca del mercado de Antón Martín (Lavapiés) el local es un rectángulo, con una barra abierta a la calle (en invierno se cierra), unas cuantas mesas altas y bajas, y la cocina al fondo. Tiene producto de calidad y una interesante mezcla de sabores. En su carta encontrarás baos de todo tipo pero también platos con carnes, pescado marinado y ramen. Con lo que me gusta la comida asiática, os podéis imaginar lo que disfruté.

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Fotografía de Madrid Le Cool
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Fotografía de Madrid Diferente

Nos pusieron un aperitivo delicioso, de carne picada con cilantro y ajo creo que era. Todo un detalle.

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Pedimos dos buns, uno de pato pekín y otro “pork belly del maestro chang”. Buenísimos los dos, igual más original el de pork belly.

Seguimos con el pulpo a la brasa. Muy rico, perfectamente cocinado, blandito y con un toque de brasa que me encantó. La patata asada con sal gorda le iba perfecto.

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Terminamos con medio costillar con salsa barbacoa. Delicioso. La carne se deshacía de lo tierna que estaba, y la salsa era para chuparse los dedos –literalmente-.

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El camarero encantador… sujetó el plato mientras hacía fotos y de hecho fue idea suya colocar el costillar delante del nombre. Muy crack!

Me quedé con ganas de probar más platos. Básicamente toda la carta. El churrascazo marinado, la dorada a la brasa thai, el shashimi con salsa ponzu y jalapeño o el shozu ramen. Qué hambre! Creo que voy a tener que volver.

Os dejo sus datos. Merece la pena la visita. Por cierto, me encanta el diseño de su web.

Dirección: Mercado de Antón Martín, Calle de Santa Isabel, 5, 28012 Madrid

Teléfono: 810 52 17 05
Precio: pagamos 22€ por persona con vino.

Una receta de carne fácil y rápida

Llevo mes y medio sin escribir… mes y medio en el que he trabajado a lo bestia y han pasado muchas cosas en mi vida profesional, que prometen cambiarla –y mucho-. Son buenas noticias y espero poder compartirlas con vosotros muy muy pronto. Mientras, he estado pensando en recetas de esas fáciles y ricas.

El otro día subí a Stories (Instagram @a_mesa_puesta) una cena de cumpleaños, en el que salía una carne rosadita y bien cortada. Al día siguiente me encontré a mi amiga Blanca, que le había hecho pantallazo a la foto de lo que le había gustado la idea. Pues bien, tengo buenas noticias, porque la carne es FACILÍSIMA y se hace en nada.

Este post me pilla de vacaciones en casa, así que he rescatado las fotos de hace mil, cuando la hice por primera vez (después de esa la he hecho unas 5 o 6 veces más, es muy socorrida). No lo subí porque la pieza que me dieron tenía un nervio muy feo en el centro, pero os aseguro que estaba igual de rica. Yo la hago con rabillo de cadera, pero podéis hacerla con solomillo o lo que más os guste.

Ingredientes para 4 personas que coman bien

  • Una pieza de rabillo de cadera
  • El zumo de un limón y medio
  • Dos hojas de laurel
  • Dos clavos
  • Aceite de oliva

Preparación

  • Salpimentamos la carne y la dejamos macerando con el zumo de limón (lo que podamos, un par de horas está bien).
  • Escurrimos la carne y reservamos el zumo de limón para luego. Ponemos una sartén  a fuego fuerte con dedo y medio-dos dedos de aceite. Cuando esté caliente sellamos la carne. Una vez sellada retiramos la carne y dejamos templar un poco el aceite.
  • A continuación ponemos 4-5 dientes de ajo (a los que le habremos dado un golpe con la piel puesta, para abrirlos un poco) en la sartén, junto con el zumo de limón, los ajos, el laurel y los clavos. Ponemos la carne y la dejamos 4 minutos por cada lado, tapándola entre vuelta y vuelta. Con este tiempo se queda rosita. LA CARNE QUEDA IGUAL DE BIEN SIN LOS AJOS, así que podéis prescindir de ellos si queréis. A mi a veces casi me gusta más sin ellos.
  • Sacamos la carne, la fileteamos finita y ponemos la salsa en una salsera.

Fácil verdad? Siempre triunfa, está tirada y gusta muchísimo! Muy socorrida. Podemos ponerles patata gvitarra de acompañamiento. Ñam!

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y esta fue la preciosa mesa que puse en la terraza (en su día) para la ocasión:

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Mejillones para todos

Hacía tiempo que no cenaba por 23€ (vino incluido), pero eso se acabó el viernes pasado cuando fui con mis amigas a Mejillón, la original propuesta que llega a Madrid de la mano de Pablo Caruncho.

Había estado en sitios parecidos en Bruselas o París, y me ha parecido muy original tener este concepto en Madrid. Puedes elegir entre más de 10 tipos de salsas con tus mejillones, que vienen servidos en cazuelas con casi tres cuartos de kilo de mejillones y un plato de patatas fritas. Ohh sí…

Además hay una carta enorme y variada de cervezas para el que le guste. Nosotras pedimos una burrata de primero y una cazuela de mejillones cada una: a la peruana, al estilo thai y el sabor belga tradicional. Me gustaron todos aunque me decanto por el estilo thai. En general me encantó… el formato cazuela, las salsitas bien hechas, las patatas, el ambiente del sitio (música animada con DJ y mucha gente joven). No conseguí acabarme mi cazuela, muy a mi pesar, pero me lo pasé bien y no me importaría repetir pronto…

¡Os dejo las fotos para que juzguéis vosotros mismos!

 

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Foto de o lo tomas o lo dejas

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http://mejillonrestaurants.com/

Dirección: Calle Orellana, 1, 28004 Madrid

Teléfono: 911 37 57 85

La carne de Fina

Ya venía siendo hora de subir una receta. Y cómo no, es una de las recetas fáciles y ricas que nos gustan. Es un clásico en mi casa. Bautizada como “la carne de Fina” en honor a la maravillosa cocinera que tiene mi madre, le sale como a nadie. Yo he ido cogiendo práctica y –según los que la probaron- estaba muy rica… ¡vamos al lío!

Ingredientes para 4:

  • Dos solomillos de cerdo
  • 2 cebollas grandes
  • 7 zanahorias
  • Un chorreón de aceite de oliva (yo conté hasta 5)
  • Un chorreón de vino blanco (un vaso)
  • Una pastilla de Avecrem (opcional)
  • 6 o 7 patatas (opcional)

Preparación

  • Cortamos y pelamos la cebolla y las zanahorias en rodajas.
  • Salpimentamos la carne, y la ponemos en una bandeja de horno con la cebolla y la zanahoria alrededor, y añadimos un poco de sal y pimienta a la verdura.
  • Echamos el aceite y el vino blanco. Añadimos el Avecrem.
  • Aquí podemos añadir también unas patatas lavadas con/sin pelar, para acompañarlo.
  • Metemos en el horno a 180 grados, primero por debajo y luego arriba y abajo hasta que esté doradito y se hayan hecho las zanahorias (que a veces tardan más). Unos 50 min tarda mi horno, el de mi madre menos. Ojo con que no se nos quede seca la carne.

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Si vemos que se ha quedado seco podemos añadir un poco de agua o aceite. ¿Fácil verdad? Además es sanote y está de mojar pan!

Por cierto, es aconsejable cortar los solomillos en frío: cuando están calientes tienden a desmigarse y se pone difícil cortar unas lonchitas que queden bien en el plato. Yo muchas veces la dejo hecha y paso la salsa a una salsera. Y antes de cenar corto la carne y caliento solo la salsa en el micro. Te permite no estar pendiente de la cena y disfrutar de tus invitados 🙂